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Newsletter #2, Abril 2004

De España y Su Comparación con la Galia

Por Miguel Servet, extracto de Claudii Ptolemaei Alexandrini Geographicae enarrationis libri octo, Lión, 1535

Contexto

En una época de creciente interés por el empirismo, la popularidad de Ptolomeo había aumentado y Trechsel le pidió a Miguel Servet que mejorara la obra del geógrafo griego. Esto significaba que Miguel Servet (firmando como Michael Villanovanus) sería el responsable de no sólo traducir y corregir el texto sino también de crear secciones nuevas que actualizaran la obra.

Miguel Servet decidió utilizar la edición de Pirkheimer como base pero la comparó con las antiguas ediciones griegas y latinas para poder crear un libro más auténtico. Tituló su nueva edición como Los ocho libros de la geografía de Claudio Ptolemeo de Alejandría, ahora editados por primera vez según la traducción de Bilabald Pirkhheimer y las primeras versiones antiguas por Michael Villanovanus. Esta versión era tan extensa y representaba una mejora tan importante respecto a las obras anteriores que algunos aseguran que Miguel Servet fue el padre de la geografía comparativa. Aunque se trata probablemente de una exageración, la edición de 1536 se consideró la mejor interpretación de la idea original de Ptolomeo y el más exhaustivo tratado etnológico que nunca se había llevado a cabo.

Fue un gran trabajo al que dedicó cerca de dos años. El libro entero incluía cincuenta mapas, todos ellos acompañados de un resumen estadístico y un comentario sobre la población, el clima y la industria de la región. Miguel Servet conservó las anotaciones de Pirkheimer que le parecieron apropiadas pero una inmensa mayoría de los comentarios que aparecían era suyos.

España es vencida por la Galia en abundancia de vino, trigo y carnes; pero la vence en la bondad y en el sabor de ellos. Francia es fecunda en abundancia de lluvias; los españoles usan mucho de aguas acanaladas, trayendo de muy lejos acequias de los grandes ríos. España no está, como Francia, fatigada por los vientos septentrionales y por los fríos, por lo cual produce con mayor abundancia aceite, miel, azafrán, rubia, minio, cochinilla, azúcar, esparto, romarino, limones, alcaparras, dátiles, limas (mala y púnica) y otros frutos aromáticos.

El temperamento de los españoles es más cálido y más seco, y la color, obscura. El de los galos, más frío, más húmedo; la carne blanda y la color blanquecina. Es mayor la fecundidad para procrear de las mujeres de los galos que la de las españolas.

Los galos están dotados de miembros corporales mayores; los de los españoles son más duros; tienen delgadísimo el cuerpo en la cintura. Los galos pugnan con mayor ferocidad que arte, y llevan a la guerra más fiereza que consejo. Los españoles, al contrario.

España ha sido siempre recomendada por la ligereza. de sus caballos, a los cuales los jinetes, de armadura ligera, cabalgan pulcramente con las piernas apretadas; dedicándose a los ejercicios de lanza y a todos los actos militares con mayor frecuencia que los galos; están, no obstante, los jinetes galos más ricamente acorazados.

Los galos son más parlanchines; los españoles, más taciturnos, pues aprendieron a disimular mejor. Los galos son alegres, animados, inclinados a banquetes, y huyen profundamente la hipocresía y la gravedad, que guardan los reconcentrados españoles. Son, pues, los españoles en los banquetes menos sociales, más ceremoniosos, afectando no sé qué severidad, de la que los galos no cuidan.

Los galos beben puro; los españoles, diluido en mucha agua.. Entre los galos, los forasteros son recibidos humanísimamente en las hospederías (posadas); ningún oficio se les niega; se les ofrece todo preparado para comer. Entre los españoles se les recibe más dura e incivilmente; de suerte que, cansado el viajero, por el camino, tiene que buscarse la comida de lugar en lugar. Esto hace que los españoles no sean 'tan avezados a viajar y no quieran gastarse la pecunia tan pródigamente; ni son inclinados a prestar servicios, de tal manera, que ni a un príncipe se digna ofrecérselos un rústico, si no le da la gana.

El habla hispánica es más grave; la gálica, más suave. Entre los españoles, los castellanos, pueblos dilatadísimos, usan del más elegante lenguaje; en Francia apenas distinguirás qué ciudad hable el verdadero francés, de suerte que sea aquel lenguaje más noble y castizo que peculiar de algún cierto lugar. Es también el lenguaje español más cercano al latino.

España es más extensa por su suelo, pero no tan populosa. Más rica en oro, pero no en negociación de mercaderías; ni tantas rentas en ésta como en aquélla se recaudan para el rey.

Del gálico suelo casi ninguna parte está ociosa; del hispánico hay muchos lugares incultos y desiertos. La caza mayor y menor abunda más en la Galia, y muchos se alimentan de volátiles, aun cuando comprados más caros.

De España a la Galia, los mercaderes llevan granos, sedas de todo género, lanas, azafrán, azúcar, arroz, aceite, alumbre, grana de los tintoreros, piedras preciosas' y aromas traídos de la India. De Francia a España, granos, telas de lino, hilo, pastel, libros y otras muchas mercancías menores, como espadas, espejos, agujas, etc.

Hay en España ingente número de príncipes, duques, marqueses, condes y barones. En Francia hay ciertamente abundancia de nobles, pero menos príncipes de dignidades mayores: lo cual aumenta la opulencia del rey, que él solo posee todo. Se cuentan en España 20 duques; la renta anual de cada uno representa 50 a 50.000 ducados; 20 marqueses, que perciben casi otro tanto de renta. Condes, 60, cuya renta anual es de 10 a 20.000 ducados, y de algunos más de 50. El número de vizcondes, barones, prefectos de provincias, a los que llaman adelantados, virreyes, gobernadores, mariscales, alcaldes, todos príncipes, me es desconocido.

Hay grandes maestres de órdenes de caballería,. como de Santiago, Alcántara, Calatrava, San Juan de Rodas, Montesa, caballeros que llaman de Cristo y otros por sobrenombre Davis. De cada uno de estos, las rentas son de 1.000 y 500 ducados, y más.

En cuanto a dignidades eclesiásticas, es superior en número la Galia, pues tiene 12 arzobispos y 96 obispos; España nueve arzobispos y 46 obispos. En una y otra el número de cardenales es igual, a saber: ocho. Las rentas de éstos son mayores en España, pues sólo la iglesia toledana colecta anualmente 200.000 ducados, y sólo el arzobispo, 80.000. Describiría las rentas Y' bienes de los demás si no fuere tal vez pesado al lector.

De los vice-parlamentos de Francia hay en España cuatro conventos jurídicos, en Castilla, Granada, Galicia y Navarra. De los demás, jurisperitos y litigantes en el foro, es mucho mayor el número en Francia.

En España se atribuyen gran autoridad los llamados inquisidores de la. fe, contra los herejes, marranos y sarracenos, en los que se ensañan cruelmente. Hay otra institución de justicia admirable, que llaman Hermandad, pues es una jurada fraternidad de ciudadanos, que a toque de campana, de cada una de las ciudades salen muchos miles de hombres armados, y al que hubiere delinquido lo persiguen por todo el reino, enviando mensajeros a todas las demás ciudades, de suerte que le es casi imposible escapar, y al cogido lo atan vivo al palo y 10 atraviesan con flechas.

Hubo en España muchos reinos en tiempo de los moros; poco ha, cinco reyes se apoderaron de toda ella: de Casti11a, Aragón, Portugal, Granada y Navarra. Hoy, un solo César, Carlos, es dueño de todas las cosas, exceptuando Portugal, que tiene rey propio.

Es muy inquieto y rumiador (gestador) de grandes cosas el ánimo de los españoles; que son de ingenio feliz,. pero aprenden infelizmente. Semidoctos, considéranse ya doctos; muestran sabiduría mayor de la. que tienen, por la simulación y una cierta verbosidad. Aman el sofisma más de lo conveniente. Gustan de hablar en las academias más bien en lengua hispánica que en latina, sin dejar de tomar muchos vocablos de los moros. Fácilmente cultivan la barbarie en muchas de sus costumbres y maneras. Rara vez transfieren los monumentos de su ingenio (imprimen libros) a los descendientes y a las gentes circunvecinas, por el defecto de la lengua, y ellos siempre mendigan libros de otras partes.

En verdad es. considerada por los galos de bárbara la costumbre de las mujeres hispánicas de perforarse los lóbulos de las orejas con un aro de oro o de plata, al que prenden, las más de las veces, alguna piedra preciosa. Rodean también su talle con un cinturón de madera, para que con el dilatado paso parezcan más pomposas; y no salen de casa si no las acompaña una caterva de criados, que las precedan y de criadas, que las sigan.

Las francesas proceden, en verdad, con mayor sencillez, y apenas les acompaña una sola mujer a pie. Es de alabar en las mujeres hispanas que, a manera de las antiguas matronas romanas, se abstienen mucho del vino; y es de vituperar que deformen su rostro con colirios, minio y cerusa, porque son inferiores a las francesas en color nativo.

Tiénese también, sobre todos los mortales, a los españoles por supersticiosos en los ritos de la ' religión. Juran según gentílica costumbre por el solio del rey y su vida, y se besan las manos al saludarse.

Desde hace algunos años, los españoles alcanzaron algún nombre por su bélica fortaleza en muchas victorias ganadas al enemigo, siendo sufridísimos de hambre, sed y trabajos en la batalla. y muy astutos en las estratagemas; de cuerpo tan ligero, que fácilmente huyen y persiguen al enemigo. De vida frugal, como los italianos, no consumen tanto alimento y bebida como los galos y .germanos, a menos que sean invitados, pues entonces se llenan en los banquetes hasta la saciedad, porque para ellos son raros los convites y los toman con mayor avidez.

Son clarísimos los españoles en todo el orbe por sus navegaciones oceánicas para descubrir nuevas regiones: hacia el Mediodía, hasta los confines meridionales de Africa, fueron los primeros que circunnavegaron; hasta Calcuta y otrás islas de Oriente, cuyo camino es peculiar a los portugueses o lusitanos. Hacia Occidente, los castellanos partieron en pos de muchedumbre de islas, ricas en oro, que descubrieron y sometieron a su imperio, llegando también al mismo continente de las Indias orientales, en el cual permanecen para civilizar más y más a los indios. Alcanzaron también. noticias de las regiones que están bajo el polo austral.

 

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