Por Natalio Fernández Marcos y Emilia
Fernández Tejero
CSIC, Sefarad 63 (2003), 283-329.
RESUMEN
Miguel Servet apenas es conocido como biblista. Sin embargo,
se le atribuye la autoIÍa de los cientos de notas marginales
que acompañan a la edición de la Biblia de Pagnino,
que publicó en Lyon en 1542. En este artículo se
analiza el carácter de dichas notas, con estudio especial
de las que fueron tachadas por censores inquisitoriales españoles
en el ejemplar que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid..
Se discute la autoría de Servet y sus conocimientos de
la lengua hebrea (a la luz de la comparación entre estas
notas y el hebreo de sus obras teológicas). Se subraya,
por contraste, el enorme valor filológico de la edición
de Pagnino, corregida por Arias Montano y publicada en la Políglota
de Amberes.
CONCLUSIONES
1. La traducción de Pagnino fue tan innovadora en el siglo
XVI como lo fuera la de Jerónimo a finales del siglo IV.
Nació en un ambiente de desconfianza, por dar prioridad
al texto utilizado por los judíos; creció a la sombra
de un hereje, por ser reeditada y anotada por Servet; y se salvó
del olvido gracias al empeño filológico de Arias
Montano, quien, al menos, logró incluida como traducción
intedineal del hebreo en el volumen del Apparatus.
2. No sabemos cuál fue exactamente el papel desempeñado
por Servet en la reedición de la Biblia de Pagnino. El
hecho es que en esta edición aparecen encabezamientos ausentes
en la Biblia de Pagnino, y notas de autoría discutible.
Encabezamientos y notas responden al carácter intocable
del texto bíblico en sí mismo; sólo esas
adiciones extratextuales permitían aclaraciones e interpretaciones
válidas para los lectores cristianos. En la edición
de Servet, los encabezamientos al libro de Isaías son cristianizantes,
hasta convertir los diversos capítulos en profecías
mesiánicas del Nuevo Testamento. Por el contrario, en el
libro de los Salmos prevalece la interpretación histórica,
que los relaciona con la vida de David, tal y como se describe
en los libros de los Reyes.
En cuanto a los encabezamientos tachados, son, en su mayoría,
interpretaciones de carácter histórico y literal.
La censura inquisitorial no admitió asociar a Salomón
o a Ezequías con los pasajes aplicados a Cristo en el Nuevo
Testamento, pese a que se reconociera en algunos de ellos un sentido
espiritual o tipológico referido a Cristo. Las notas tachadas
en el ejemplar de la Biblioteca Nacional de Madrid ponen de manifiesto
las preocupaciones de los censores inquisitoriales hispanos. Estas
preocupaciones son similares a las que se esgrimieron en los procesos
inquisitoriales contra los hebraístas españoles
del siglo XVI: las acusaciones no tuvieron una base filológica;
lo que no se toleraba era la exégesis literal histórica,
que aplicaba pasajes del Antiguo Testamento a personajes determinados
de la historia de Israel, y que habían sido atribuidos
a Cristo en el Nuevo.
3. La colación de las notas de la Biblia de Pagnino con
las palabras o frases hebreas que figuran en las obras teológicas
de Servet plantea enigmas de difícil resolución.
Apenas hay ecos de las unas en las otras. De las obras doctrinales
de Servet no se desprende el que fuera un verdadero hebraísta;
el talante y las metas de esas obras son muy diferentes al que
ret1ejan las notas, hasta el punto de parecer obra de distintos
autores. Avala esta tesis el hecho de que, en el proceso de Ginebra,
Servet se confesara autor de una parte de esas notas; el que en
el Prólogo a la Biblia de Pagnino reconociera haber recibido
un ejemplar ya corregido y anotado de dicha Biblia; el que las
notas a la Biblia de Pagnino carezcan de la virulencia de sus
obras doctrinales, y el que la desproporción entre el material
de las notas y el hebreo que figura en sus obras teológicas
sea abrumadora.
4. Arias Montano recuperó el texto de Pagnino y logró
imprimirlo en el volumen del Apparatus, como traducción
interlineal de la Biblia hebrea que él mismo corrigió,
en busca de una literalidad mayor. De la colación del capítulo
66 de Isaías se desprende que Arias Montano editó
un texto de Pagnino prácticamente idéntico al que
figura en la edición de Servet. La literalidad de la traducción
del hebreo al latín de Arias Montano es muy superior a
la de la edición de Pagnino.
5. Servet no puede ser calificado de biblista ni por las notas
a la edición de Pagnino -fueran o no suyas-, ni por el
prácticamente nulo interés filológico de
sus obras teológicas. En sus escritos prevalecen los intereses
exegéticos y de controversia.
6. No puede negarse, sin embargo, el que Servet se inserte en
la corriente de exégesis histórica y literal, fenómeno,
por otra parte, nada singular en el siglo XVI, que fue compartido
por algunos exegetas de la época, como se desprende del
carácter de las notas tachadas por la inquisición
y por las aclaraciones historizantes al libro de los Salmos. Es
cierto que algunas de las anotaciones a la Biblia de Pagnino reflejan
conocimientos del hebreo, puesto que su texto no está respaldado
ni por la Vulgata ni por las versiones castellanas más
antiguas, y parecen proceder de una comprensión directa
del original; pero son tan escasas las notas filológicamente
válidas en la Biblia de Pagnino y es tan elemental el hebreo
utilizado por Servet en sus obras teológicas, que hacen
dudar de que el redactor de las notas deba ser identificado con
Servet mismo.