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Newsletter #2, Abril 2004

El Milenarismo de Miguel Servet

By Elaine Sartorelli
Prof. E. Sartorelli, University of Sao Paolo, Brasil, submitted to the Servetus International Society, March 2004

El dato fundamental para leer y comprender a Servet ha sido dado por él mismo ya en el título de su obra maestra, la Christianismi Restitutio, o Restitución del Cristianismo, en la cual la palabra restitutio no está empleada aleatoria o gratuitamente, sino que cumple la función, muy clara, de exponer, con un solo término, todo un proyecto para la restauración de la Iglesia a su pureza evangélica original. Y esa restitución debe empezar por los conceptos, rescatando el sentido primitivo y escriturístico de los vocablos (hijo, por ejemplo) y luego y a la vez pasar a lo demás que de esa interpretación adviene, como por ejemplo bautizar como Cristo ha sido bautizado, a los treinta años de edad. Asimismo, la restitutio es un programa para restablecer, recuperar, rescatar, recobrar el Cristianismo. Propone, por tanto, um movimiento hacia el pasado, hacia los tiempos apostólicos anteriores al Concilio de Nicea, cuando el poder temporal del Emperador no se había aún agregado al poder espiritual del Papa. Pero mira atrás con una finalidad adelante, pues este rescate del pasado sirve a la causa de hacer posible el futuro en el cual Cristo volverá. Por eso, una de las características más importantes de la Reforma restitucionista, o Radical [1] , es su ardiente esperanza milenarista, que la hace mucho más prójima a los movimientos proféticos de contenido apocalíptico de la Edad Media que al catolicismo oficial o al protestantismo [2] . Si la Reforma ha sido siempre desde el principio un movimiento universitario, la Reforma Radical ha heredado de la piedad popular medieval la creencia en el Milenio, alimentada por prediciones astrológicas, compilaciones de antiguas profecías, oráculos de las Sibilas, y variados desdoblamientos de la doctrina histórico-escatológica de Joaquín de Fiori.

Desde la época de Agustín, se creía que la Iglesia vivía bajo la sexta edad del mundo, tradicionalmente identificada con el capítulo veinte del Apocalipsis. Según tal interpretación, la duración del mundo sería de “una semana cósmica”, y el septimo dia, el Sabbath eterno [3] . Agustín, sin embargo, no parecía ver sentido literal en conceptos como Anticristo o Gog y Magog. Para él, “mil años” no significan sino totalidad, y el Milenio ya había empezado con el primer advento del Cristo [4] .

En el siglo XVI, empero, la corrupción de Roma, los horrores de la Inquisición, los repetidos surtos de peste y otros sucesos, como la invasión de la Europa por los otomanos, debían sonar como pruebas muy convincentes de que Satanás no había sido contenido; al contrario, la idea corrente era la de que se vivía el final de los tiempos. Con la ruptura en el alicerce mismo de la Iglesia promovida por la Reforma, el poder regulador que existía hasta entonces ha sufrido tambien un colapso, liberando fuerzas que antes, sea por la asimilación, sea por la supresión, había sido capaz de controlar. Asimismo, en la gran crisis del XVI, la escatología ha asumido las más variadas formas, habiendo servido de basis tanto para la revolución armada de Münster cuanto para la glorificación del martirio de los anabaptistas.

La Reforma, a manera agustiniana, afirmaba que la Iglesia habria de siempre mezclar el Bien con el Mal, así como el hombre ha sido y habría de ser siempre “simul justus et peccator” [5] ; los radicales, especialmente los anabaptistas, interpretaban la Iglesia como la pura “comunidad de santos”, la cual necesariamente debría existir en la Historia, inserida en ella [6] . Su restitución sería la señal de que el Milenio había llegado.

Para ilustrar esa diferencia de perspectiva: Servet dedica su vida a la restitutio, que no se puede afinal disociar del Milenio, y confiesa haber escrito su obra maestra, Christianismi Restitutio, porque “ya se ha cumplido el plazo como, tanto por la evidencia del tema como por los indiscutibles signos de los tiempos, me propongo a demostrar a todos los fieles” [7] (quia completum est vere tempus, vt ex rei ipsius certitudine, et ex signis temporum manifestis, sum nunc piis omnibus ostensurus, p. 4). Calvino, por otra parte, no ha dedicado al Apocalipsis ningún de sus Commentaires, y consideraba al quiliasmo un “horrendum delirium” [8] . Tampoco Zwinglio no ha demostrado interés o preocupación con el Milénio [9] .

Todos los reformadores, sin embargo, desde que Lutero había dicho que el Papa era el Anticristo, y su Iglesia, Babilonia, de una manera o de otra utilizaban el lenguaje apocalíptico para hablar de Roma. Melanchthon, por ejemplo, ya en 1521 había publicado, en co-autoria con Lucas Carnach, un panfleto llamado La Pasión del Cristo y del Anticristo, en que sugestivos grabados ilustraban a un breve pero persuasivo texto. En uno de ellos, se mostraba a Jesús lavando los pies de los apóstoles y al lado el Papa tenía sus propios pies besados por el Emperador. En otro, el Cristo expulsaba a los vendedores del templo, mientras que el Papa los invitaba para dentro. Las figuras de Jesús y de los apóstoles eran acompañadas de citas de las Escrituras; las del Papa, de textos extraídos de los códigos civil y canónico [10] .

Dentre los reformadores ministeriales, empero, no se admitía la existencia de “profetas”, un fenómeno muy presente en el lado radical. El más conocido de todos ha sido un anabaptista: Thomas Muntzer, considerado por sus seguidores el nuevo Enoc, pero que se autoproclamaba él mismo el nuevo Daniel. El contenido revolucionario de su predicación se revela en la explicación que se seguió a su afirmación de que los príncipes no desempeñarían ningún papel en el Milenio:

Porque han pasado sus vidas en manjares y borracheras, han sido desde la adolescencia gente muy delicada, no han tenido jamás ningún percance en toda su vida ni esperan ni desean tener alguno [11] .

Melchor Hoffman era otro auto-anunciado “profeta” anabaptista, por su identificación con el Angel del Apocalipsis (Apc. 10, 1-7 y 14, 6-7). En medio de ángeles y profetas se ha destacado tambien Jan de Leyden, que se ha asumido literalmente el papel de “monarca davídico” del Milenio cuando se ha hecho coronar rey en Münster, la Nueva Jerusalen, en 1534. Con la caída de la ciudad, en 1535, ha sido atado y forzado a marchar como un oso amaestrado [12] . En 1536, ha soportado en silencio tormentos tan brutales con hierros en brasa que ha despertado hasta la simpatía de un testigo luterano [13] . En nuestros días, la tragedia de Munster ha sido transpuesta para el teatro por José Saramago, en In nomine Dei.

En la Introdución de su obra sobre los “milenaristas revolucionarios y anarquistas místicos de la Edad Media”, Norman Cohn se plantea que los movimientos milenaristas tienen siempre la misma doctrina de la salvación, descrita como: colectiva; terrena; inminente; total; y miraculosa [14] . En otras palabras, la salvación es de toda la comunidad; realizada en este mundo; esperada para muy breve; capaz de cambiar completamente la vida en la tierra, elevándola a la perfección; y va a pasarse de forma sobrenatural.

Tal salvación, universal o comunitaria, propuesta por los radicales difiere diametralmente de la doctrina de la predestinación. Calvino, por lo tanto, ataca a la vez su princípio y su universalidad, incapaz de conformarse con la tesis de que en el Reino no habrá punición eterna para pecados temporales. Dice él:

Sus pecados son, como dicen, temporales. Concedido. Pero son eternas la Majestad de Dios y también su justicia, que ellos han violado al pecar. Es pues cierto que no perezca la memoria de su iniquidad. [15]

Por ello, el Reino milenarista de los radicales (a los cuales llama Calvino de “nugatores”) es, en la opinión de Calvino, “ficción demasiado infantil como para necesitar o merecer siquiera una refutación” [16] . Refutación que Calvino va a escribir, sin embargo, y más de una vez.

El texto bíblico que sirve de punto de partida para la restitutio se encuentra en los Hechos de los Apóstoles, capítulo 3, versículo 21, en que dice Pedro que Jesús será enviado de nuevo; mientras tanto, “es necesario que lo reciba el cielo hasta que se cumpla el tiempo de la restitución de todas las cosas”. Este tempus restitutionis omnium ha sido calculado desde las más variadas perspectivas, poseendo, cada uno de esos sistemas, su lógica intrínseca. Hans Hut ha previsto el incio del Milenio para el Pentecostés de 1528 [17] , y Hoffman lo esperaba para 1533 [18] , pero, habiendo sobrevivido a ese año, se murió en la cárcel diez años despues [19] ; y Servet, que había sumado el número apocalíptico de 1260 al año de 325, fecha del Concilio de Nicea, llegara al año final de 1585.

Servet dedica al tema del Milenio algunas de sus página más eloquentes. En la parte sobre el “poder celestial, terreal e infernal de Satanás y del Anticristo, y de nuestra victoria”, que tiene inicio en la página 388, Servet trata de la “antigua serpiente”, que ahora “se ha apoderado del espíritu de la ramera romana”, es decir de la Iglesia católica y de la “Bestia babilónica”, el Papa. Hasta los ángeles, dice, “lloran, se ponen tristes y sufren ahora”, por causa de esta “abominación de desolación” cuya duración habría de ser de 1260 años, lo han predicho Cristo, Daniel, Juan y “los demás profetas” (394-5). Y prosigue, en lenguage fuertemente milenarista:

Según el testimonio de Cristo, los ejércitos celestiales, o sea, los propios ángeles, lloran y gimen, consternados y conmovidos, esta tan gran desgracia del Cristianismo, esta tan gran miseria de nuestra condición. Esta deplorable situación nuestra durará “todo el tiempo que en el templo de Dios se siente un hombre pecador como si fuera Dios” (II Tes. 2). Este “misterio de iniquidad” ya se venía fraguando desde los tiempos de los apóstoles, como dice Pablo. Pues fue un verdadero “misterio de iniquidad” que el misterio apostólico fuera poco a poco convirtiéndose en la dignidad y reino del Papado, máxime a partir de Silvestre y Constantino. “Mil doscientos sesenta años” ha durado el reino del Anticristo, concluidos los cuales va a dar comienzo ahora la lucha celestial (395). [20]

Según la interpretación servetiana, el “misterio de la iniquidad” de que habla Pablo es el Papado de Roma y “su ambición de dominio y su persecución a los verdaderos cristianos. Por eso siempre se daban edictos públicos para dar muerte a los cristianos, que es una de las notas del Anticristo” (p. 396). Los “signos del Anticristo” son muchos, y “vemos que se ha cumplido totalmente desde el tiempo de Constantino y Silvestre: desde entonces han pasado ya esos 1260 años, durante los cuales ha reinado una horrible abominación” (p. 398).

Tras discurrer longamente acerca de la “apostasía” que se ha consumado cuando “la Bestia fue entronizada en el solio pontificio por el propio espíritu del dragón” (p. 400), Servet, rescatando una vez más la idea de que el tiempo ya se cumplió, se dirige a los lectores con la siguiente exortación:

Por tanto, mantengamos el buen ánimo, pues ya está completo el número de “almas que han de ser asesinadas”, como dice el Apocalipsis, cap. 6. Se ha cumplido ya el plazo de “tres años y medio”, al cabo de los cuales, bajo el reinado de la Bestia, había de ser hollada la “ciudad santa” (Lc. 25; Apc. 11, 12 y 13). (p. 400-1) [21] .

En un pasaje en que habla directamente al lector, Servet presenta tambien su doctrina de Ecclesia fugata, según la cual la verdadera Iglesia de Cristo se ha evadido desde que el Dragón, el Papado, se había asentado en el trono romano:

Considera, lector, qué puede significar en Daniel y Juan esa futura venida y pelea de Miguel al cabo de “mil doscientos sesenta años” (Dan. 12; Apc. 12). Fíjate bien con qué precisión se habla de este asunto en esa profecía, en la que Juan nos enseña que desde el tiempo en que el hijo de Dios fue arrebatado de entre nosotros y en que ahuyentada su Iglesia se refugió en el desierto, han pasado ya “tiempo y tiempos y medio tiempo”, es decir, un año, dos años y medio año. Este periodo se interpreta ahí como tres años y medio, que Juan llama “cuarenta y dos meses”, “mil doscientos sesenta días”; pero día en lenguaje profético hay que tomarlo por año, como frecuentemente nos dan a entender los profetas. De modo que desde los tiempos de Constantino y Silvestre, el Papa, verdadero Anticristo, ha reinado ya por espacio de mil doscientos sesenta años. Desde entonces Dios ha sido seccionado en tres partes, Cristo se ha esfumado por completo, la Iglesia enteramente echada a pique, han prevalecido los ídolos, han surgido innmerables sectas de perdición y abominables desolaciones del reino de Cristo. Daniel primero y luego Juan dijeron que desde esa perversa destrucción y antes de la restitución pasarían mil doscientos sesenta años. (pp. 395-6) [22]

Entre las treinta cartas a Calvino y la Apología a Melanchthon, Servet hizo publicar un pequeño tratado, intitulado Sesenta signos del Anticristo. La prisa con que parece haber sido escrito talvez se deba a que se trata de un borrador para desarrollo de un texto futuro (hipótesis defendida por Angel Alcalá [23] ); tal urgencia, sin embargo, puede tambien ser el lenguaje adecuado para el tema: breve, corta, hiperbólica; apocalíptica, enfin. En ese caso, sería la única posible ante la emergencia del Milenio. Ahí, sin cualquier introducción o explicación preliminar, Servet abre el tratado con el primer signo: “la perturbación y desoladora conmoción de todo el mundo” (p. 664). Aunque todo el libro es construído sobre un fundamento milenarista, algunas de las “señales” son más abertamente apocalípticos:

Decimoséptima señal. Tomada de ese período del reino de los mil doscientos sesenta años en el que tan bellamente coinciden Daniel y Juan. Aunque el misterio del Anticristo comenzó inmediatamente despues del Cristo, sin embargo se manifestó verdaderamente y quedó establecido en tiempos de Silvestre y Constantino, cuando en un concilio ecuménico nos arrebataron al hijo de Dios, se nos fugó la Iglesia y se concretaron en leyes y decretos todas las abominaciones. De ese período ya han pasado “tiempo, y tiempos, y medio tiempo”: mil doscientos sesenta años. [24]

Señal treinta. La gran batalla de Miguel y de sus ángeles (Dan. 12; Apoc. 12). En la edad del Anticristo, dice Daniel, al cabo de mil doscientos sesenta años de su reino, se alzará Miguel “de parte de los hijos del pueblo de Dios”, y será tiempo de máxima angustia”. También Juan intuyó esa celeste guerra que habría al cabo de los mil doscientos sesenta años. Ya empiezan a organizarse los ejércitos celestes y terrenos contra el dragón, contra ese Anticristo! Daniel nos dice que lucharán con nosotros los más grandes santos. [25]

He ahí otro motivo por el cual se cree Servet integralmente de parte de la Verdad: como cree que la defensa de su causa es una batalla contra el Anticristo, Servet se identifica con el guerrero Arcanjo Miguel, cuya fecha conmemorativa, 29 de septiembre, es el día de su cumpleaños y la fecha que ha elegido, en 1552, para la impresión de la primera página de la Restitutio, en cuya portada aparecían, en hebreo, las palabras “y apareció Miguel en el cielo” y, en griego, “y había guerra en el cielo”, que, para el lector del Apocalipsis, remiten inmediatamente al restante del versículo: “Miguel y sus ángeles luchaban contra el Dragón”.

Esta identificación no es inconciente, sino que está explicitada muy claramente por el mismo Servet. En la Epístola a Calvino de número veinte, por ejemplo, al comentar el pasaje del Apocalipsis 12,6, que habla de los “mil doscientos y sesenta días” dice expresamente:

Yo trabajo constantemente por la restitución de esta Iglesia, y tú te enfadas conmigo porque me inmiscuyo en esta guerra de Miguel y deseo que todos los hombres piadosos hagan lo mismo. Pero lee ese pasaje atentamente y verás que habrá hombres que lucharán entonces exponiendo su vida a muerte de sangre en testimonio de Jesucristo, como abiertamente enseña Juan ahí. (p. 628). [26]

En la página 410 de la Restitutio, Servet vuelve al tema, en una invocación a Cristo cuyo vocabulario prescinde de interpretaciones:

Concede a tu siervo, a tu soldado, luchar con tu gran poder contra el dragón, serpiente, diablo, que le ha dado su poder a la Bestia, es decir, al Papa, de tal modo que me sea dado descubrir los restantes misterios de la circuncisión, para que tu libro quede abierto a todos. Tú mismo, que no sabes mentir, revelaste a Daniel cómo perdurando aún el dominio romano y una vez destruida la Bestia, “serían abiertos los libros” de ambos Testamentos, tal y como ya está ocurriendo. Haz que cuando se realice tu juicio en el cielo, sea destruido el “cuerno” del Anticristo por la acción de tus servidores y que tu reino “sea restituido a tus santos” (Dan. 7). [27]

Por tanto, la identificación con el Arcangel no está solamente en la tarea de promover la vocatio, sino que está expresa, claramente, en todas las lenguas bíblicas. Una de las llaves para la comprensión de la Restitutio se situa, precisamente, en esa identificación de Servet con el Arcangel Miguel. Un indignado Calvino lo comenta con estas palabras, en su Comentario a Daniel:

Aquel necio hipócrita, Servet, ha osado apropiarse de este pasage para sí mismo, pois él lo ha escrito como frontispicio en sus horribles comentarios, porque él se llamaba Miguel! Nosotros hemos observado que furia diabólica se apoderaba de él, una vez que osó proclamar cómo suyo lo que se dice acá del auxilio singular fornecido por el Cristo a su Iglesia. Él era un hombre de sentimientos los más impuros, cómo ya hemos dado a conocer suficientemente. Pero esta era una prueba de su impudencia y de su locura sacrílega: adornar-se a si mismo con este epíteto de Cristo, gloriandose de ser Miguel, el guardián de la Iglesia y el príncipe poderoso de los pueblos! Este hecho es indiscutible, pues tengo el libros en manos, pues si alguien duda de mi palabra. [28]

Servet se creía, pues, imbuido de la misión de luchar por la restitución de la Iglesia, la cual ya no podría ser retrasada, una vez que el plazo ya se estaba agotando. Y esa puede ser, afinal, la respuesta a la eterna pregunta sobre su fuga a Ginebra: al exponerse a peligro de muerte, Servet no “oculta la luz” y, con ello, ofrece su contribución a la “causa” de la restitución – “causa común a todos los cristianos, con la que todos estamos comprometidos”, como dice en el Prólogo (p. 4).

En resumen, Servet creía, como los reformadores radicales en general, en el final de los tiempos de reinado de la Bestia romana, que había ya durado casi 1260 años. Y siendo él Miguel, como el Arcangel guerrero, le tocaba un papel fundamental en esa batalla contra los poderes infernales, que era no solo el de ofrecer un programa completo para la restauración del Cristianismo, desde la recuperación del sentido primitivo de las palabras de las Escrituras hasta la rehabilitación de la verdadera Iglesia, del bautismo original y de la Cena tal como praticada entre los cristianos primitivos, sino el de dar con su ejemplo y a costa de su propia vida testimonio de aquello en que creía y que ya en Proemio de su Restitutio ha afirmado ser “tan sublime por su grandeza, como fácil de entender y seguro de demonstrar” [29] .

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[1] Williams ha llamado `Radical` a la Reforma de los anabaptistas y otros restitucionistas en su importante The Radical Reformation, publicado por primera vez en 1962.

[2] WILLIAMS, G. H., La Reforma Radical, Fondo de Cultura Ecónomica, México, D.F., p. 4.

[3] KLASSEN, Living at the end of the ages. Apocalyptic Expectation in the Radical Reformation. Lanham, Marylando: University Press of America, 1992, p. 4.

[4] Ibid., p. 5.

[5] Ver STROHL, La pensée de la Réforme, Paris: Delachaux et Niestlé, 1951, cap. VIII, pp. 173 a 224.

[6] Ver ESTEP, The Anabaptist Story. An Introduction to Sixteenth-Century Anabaptism. Grand Rapids & Cambrigde: William B. Eerdmans Publishing Co., 1996, cap. X, pp. 237 a 266.

[7] En la traducción al castellano de Angel Alcalá y Luis Betes, Restitución del Cristianismo. Madrid: Fundación Universitaria Española, 1980, p. 121.

[8] BALKE, Calvin and the Anabaptist Radicals. Grand Rapids, Michigan: William B. Eerdmans Publishing Co., 1981, p. 295.

[9] KLASSEN, op. cit., p. 115.

[10] Ibid., 56.

[11] COHN, N. Na senda do Milénio. Milenaristas revolucionários e anarquistas místicos da Idade Média. Lisboa: Editorial Presença, 1981,, p. 199.

[12] Ibid. p. 228.

[13] KLASSEN, op. cit., p. 83.

[14] COHN, op. cit., 11.

[15] BALKE, op. cit., 111.

[16] Ibid.

[17] KLASSEN, op. cit., 27.

[18] Ibid., 29.

[19] ESTEP, op. cit.. 156.

[20] Exercitus caelorum, teste Christo, siue angeli ipsi consternati et commoti hanc tantam Christianismi iacturam, hanc tantam status nostri meseriam, lachrymantur, et deflent. Durauit lachrymabilis nostra conditio ad tempus, quo in templo Dei sedit homo peccator, quasi Deus in terris. 2. Thes. 2. Cuius mysterium iniquitatis iam apostolorum tempore agebatur, vt ait ibi Paulus. Verum nanque fuit mysterium iniquitatis, cum se apostolatus munus in Papatus dignitatem et regnum sensim transformauit, idque magis post Syluestrum et Constantinum. Annos mille ducentos sexaginta durauit regnum Antichristi, quibus finitis erit nunc caelestis pugna.

[21] Completum est tempus trium annorum cum dimidio, quibus, regnante bestia, erat ciuitas santas sancta calcanda, Lucae. 21. Apoc. 11. I2. et i3.

[22] Cogita, lector, quid apud Danielem et Ioannem significet ille Michaelis futurus aduentus, et pugna post annos desolationis mille ducentos sexaginta, Dani. I2. et apoc. I2. Obserua bene, quam certa sit ibi de hac re prophetia, qua nos docet Ioannes, a tempore, quo ereptus est a nobis filius Dei, et a quo eius ecclesia in solitudinem fugata fecessit, iam transisse tempus, tempora, et dimidium temporis, annum vnum, annos duos, et semiannum. Hi declarantur ibi esse tres anni cum dimidio, quos et Ioannes vocat menses quadraginta duos, dies mille ducentos sexaginta.

[23] In Treinta cartas a Calvino. Sesenta Signos del Anticristo. Apología a Melanchthon. Madrid: Editorial Castalia, 1981, Introducción, cap. IV, p. 50.

[24] Decimum septimum signum, Tempus regni annorum mille ducentorum sexaginta, in quo pulchre conueniunt Daniel et Ioannes. Quamuis post Christum mox caepit Antichristi mysterium: vere tamen emicuit, et stabilitum est regnum, tempore Syluestri et Constantini. Quo tempore est mox oecumenico concilio a nobis ereptus filius Dei, fugata ecclesia, et abominationes omnes legibus decretare. Hinc transierunt tempus et tempora et dimidium temporis, anni mille ducenti sexaginta.

[25] Tricesimum signum, Michaelis et angelorum pugna, Dani. I2 et apc. I2. In tempore illo regni Antichristi, ait Daniel, post annos mille ducentos sexaginta regni eius, consurget Michael stans pro filiis populi Dei, et erit tempus maximae angustiae. Vidit Ioannes futuram post annos mille ducentos sexaginta, hanc caelestem pugnam. Caelestia et terrestria contra draconem, et Antichristum iam mouentur. Sanctos altissimos hic pugnaturos ait Daniel.

[26] In huius ecclesiae restitutione ego iugiter laboro, et ob id tu mihi succenses, quod pugnae illi Michaelis me immisceam, et pios omnes misceri disiderem. Sed locum illum diligenter expende, et videbis, homines fore, qui ibi pugnabunt, animas suas morti exponendo, in sanguine et testimonio Iesu Christi, vt aperte docet ibi Ioannes.

[27] Da seruo tuo, militi tuo, vt contra draconem serpentem diabolum, qui potestatem Bestiae, id est, Papae dedit, potentia tua magna viriliter pugnet, et sequentia circuncisionis mysteria ita aperiat, vt líber tuus omnibus aperiatur. Tu enim ipse, qui mentiri nescis, Danieli reuelasti, vtriusque testamenti libros, stante Romano império, destructa bestia, esse aperiendos, vt nunc aperiuntur. Et quod tunc indicium tuum in caelo sedebit, et pugnantibus ministris tuis cornu Antichristi perdatur, et regnum tuum sanctis tuis restituatur, Dani. 7.

[28] Commentary on Daniel, vol. 2, in http://www.ccel.org/c/calvin/calcom25/htm/vii.htm.

[29] Qui nobis hic ponitur scopus, vt est maiestate sublimis, ita perspicuitate facilis, et demonstratione certus.

 

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