By Elaine Sartorelli
Prof. E. Sartorelli, University of Sao Paolo, Brasil, submitted
to the Servetus International Society, March 2004
El dato fundamental para leer y comprender a Servet ha sido
dado por él mismo ya en el título de su obra maestra,
la Christianismi Restitutio, o Restitución del Cristianismo,
en la cual la palabra restitutio no está empleada aleatoria
o gratuitamente, sino que cumple la función, muy clara,
de exponer, con un solo término, todo un proyecto para
la restauración de la Iglesia a su pureza evangélica
original. Y esa restitución debe empezar por los conceptos,
rescatando el sentido primitivo y escriturístico de los
vocablos (hijo, por ejemplo) y luego y a la vez pasar a lo demás
que de esa interpretación adviene, como por ejemplo bautizar
como Cristo ha sido bautizado, a los treinta años de edad.
Asimismo, la restitutio es un programa para restablecer, recuperar,
rescatar, recobrar el Cristianismo. Propone, por tanto, um movimiento
hacia el pasado, hacia los tiempos apostólicos anteriores
al Concilio de Nicea, cuando el poder temporal del Emperador no
se había aún agregado al poder espiritual del Papa.
Pero mira atrás con una finalidad adelante, pues este rescate
del pasado sirve a la causa de hacer posible el futuro en el cual
Cristo volverá. Por eso, una de las características
más importantes de la Reforma restitucionista, o Radical
[1] , es su ardiente esperanza milenarista, que la hace mucho
más prójima a los movimientos proféticos
de contenido apocalíptico de la Edad Media que al catolicismo
oficial o al protestantismo [2] . Si la Reforma ha sido siempre
desde el principio un movimiento universitario, la Reforma Radical
ha heredado de la piedad popular medieval la creencia en el Milenio,
alimentada por prediciones astrológicas, compilaciones
de antiguas profecías, oráculos de las Sibilas,
y variados desdoblamientos de la doctrina histórico-escatológica
de Joaquín de Fiori.
Desde la época de Agustín, se creía que
la Iglesia vivía bajo la sexta edad del mundo, tradicionalmente
identificada con el capítulo veinte del Apocalipsis. Según
tal interpretación, la duración del mundo sería
de “una semana cósmica”, y el septimo dia,
el Sabbath eterno [3] . Agustín, sin embargo, no parecía
ver sentido literal en conceptos como Anticristo o Gog y Magog.
Para él, “mil años” no significan sino
totalidad, y el Milenio ya había empezado con el primer
advento del Cristo [4] .
En el siglo XVI, empero, la corrupción de Roma, los horrores
de la Inquisición, los repetidos surtos de peste y otros
sucesos, como la invasión de la Europa por los otomanos,
debían sonar como pruebas muy convincentes de que Satanás
no había sido contenido; al contrario, la idea corrente
era la de que se vivía el final de los tiempos. Con la
ruptura en el alicerce mismo de la Iglesia promovida por la Reforma,
el poder regulador que existía hasta entonces ha sufrido
tambien un colapso, liberando fuerzas que antes, sea por la asimilación,
sea por la supresión, había sido capaz de controlar.
Asimismo, en la gran crisis del XVI, la escatología ha
asumido las más variadas formas, habiendo servido de basis
tanto para la revolución armada de Münster cuanto
para la glorificación del martirio de los anabaptistas.
La Reforma, a manera agustiniana, afirmaba que la Iglesia habria
de siempre mezclar el Bien con el Mal, así como el hombre
ha sido y habría de ser siempre “simul justus et
peccator” [5] ; los radicales, especialmente los anabaptistas,
interpretaban la Iglesia como la pura “comunidad de santos”,
la cual necesariamente debría existir en la Historia, inserida
en ella [6] . Su restitución sería la señal
de que el Milenio había llegado.
Para ilustrar esa diferencia de perspectiva: Servet dedica su
vida a la restitutio, que no se puede afinal disociar del Milenio,
y confiesa haber escrito su obra maestra, Christianismi Restitutio,
porque “ya se ha cumplido el plazo como, tanto por la evidencia
del tema como por los indiscutibles signos de los tiempos, me
propongo a demostrar a todos los fieles” [7] (quia completum
est vere tempus, vt ex rei ipsius certitudine, et ex signis temporum
manifestis, sum nunc piis omnibus ostensurus, p. 4). Calvino,
por otra parte, no ha dedicado al Apocalipsis ningún de
sus Commentaires, y consideraba al quiliasmo un “horrendum
delirium” [8] . Tampoco Zwinglio no ha demostrado interés
o preocupación con el Milénio [9] .
Todos los reformadores, sin embargo, desde que Lutero había
dicho que el Papa era el Anticristo, y su Iglesia, Babilonia,
de una manera o de otra utilizaban el lenguaje apocalíptico
para hablar de Roma. Melanchthon, por ejemplo, ya en 1521 había
publicado, en co-autoria con Lucas Carnach, un panfleto llamado
La Pasión del Cristo y del Anticristo, en que sugestivos
grabados ilustraban a un breve pero persuasivo texto. En uno de
ellos, se mostraba a Jesús lavando los pies de los apóstoles
y al lado el Papa tenía sus propios pies besados por el
Emperador. En otro, el Cristo expulsaba a los vendedores del templo,
mientras que el Papa los invitaba para dentro. Las figuras de
Jesús y de los apóstoles eran acompañadas
de citas de las Escrituras; las del Papa, de textos extraídos
de los códigos civil y canónico [10] .
Dentre los reformadores ministeriales, empero, no se admitía
la existencia de “profetas”, un fenómeno muy
presente en el lado radical. El más conocido de todos ha
sido un anabaptista: Thomas Muntzer, considerado por sus seguidores
el nuevo Enoc, pero que se autoproclamaba él mismo el nuevo
Daniel. El contenido revolucionario de su predicación se
revela en la explicación que se seguió a su afirmación
de que los príncipes no desempeñarían ningún
papel en el Milenio:
Porque han pasado sus vidas en manjares y borracheras, han sido
desde la adolescencia gente muy delicada, no han tenido jamás
ningún percance en toda su vida ni esperan ni desean tener
alguno [11] .
Melchor Hoffman era otro auto-anunciado “profeta”
anabaptista, por su identificación con el Angel del Apocalipsis
(Apc. 10, 1-7 y 14, 6-7). En medio de ángeles y profetas
se ha destacado tambien Jan de Leyden, que se ha asumido literalmente
el papel de “monarca davídico” del Milenio
cuando se ha hecho coronar rey en Münster, la Nueva Jerusalen,
en 1534. Con la caída de la ciudad, en 1535, ha sido atado
y forzado a marchar como un oso amaestrado [12] . En 1536, ha
soportado en silencio tormentos tan brutales con hierros en brasa
que ha despertado hasta la simpatía de un testigo luterano
[13] . En nuestros días, la tragedia de Munster ha sido
transpuesta para el teatro por José Saramago, en In nomine
Dei.
En la Introdución de su obra sobre los “milenaristas
revolucionarios y anarquistas místicos de la Edad Media”,
Norman Cohn se plantea que los movimientos milenaristas tienen
siempre la misma doctrina de la salvación, descrita como:
colectiva; terrena; inminente; total; y miraculosa [14] . En otras
palabras, la salvación es de toda la comunidad; realizada
en este mundo; esperada para muy breve; capaz de cambiar completamente
la vida en la tierra, elevándola a la perfección;
y va a pasarse de forma sobrenatural.
Tal salvación, universal o comunitaria, propuesta por
los radicales difiere diametralmente de la doctrina de la predestinación.
Calvino, por lo tanto, ataca a la vez su princípio y su
universalidad, incapaz de conformarse con la tesis de que en el
Reino no habrá punición eterna para pecados temporales.
Dice él:
Sus pecados son, como dicen, temporales. Concedido. Pero son
eternas la Majestad de Dios y también su justicia, que
ellos han violado al pecar. Es pues cierto que no perezca la memoria
de su iniquidad. [15]
Por ello, el Reino milenarista de los radicales (a los cuales
llama Calvino de “nugatores”) es, en la opinión
de Calvino, “ficción demasiado infantil como para
necesitar o merecer siquiera una refutación” [16]
. Refutación que Calvino va a escribir, sin embargo, y
más de una vez.
El texto bíblico que sirve de punto de partida para la
restitutio se encuentra en los Hechos de los Apóstoles,
capítulo 3, versículo 21, en que dice Pedro que
Jesús será enviado de nuevo; mientras tanto, “es
necesario que lo reciba el cielo hasta que se cumpla el tiempo
de la restitución de todas las cosas”. Este tempus
restitutionis omnium ha sido calculado desde las más variadas
perspectivas, poseendo, cada uno de esos sistemas, su lógica
intrínseca. Hans Hut ha previsto el incio del Milenio para
el Pentecostés de 1528 [17] , y Hoffman lo esperaba para
1533 [18] , pero, habiendo sobrevivido a ese año, se murió
en la cárcel diez años despues [19] ; y Servet,
que había sumado el número apocalíptico de
1260 al año de 325, fecha del Concilio de Nicea, llegara
al año final de 1585.
Servet dedica al tema del Milenio algunas de sus página
más eloquentes. En la parte sobre el “poder celestial,
terreal e infernal de Satanás y del Anticristo, y de nuestra
victoria”, que tiene inicio en la página 388, Servet
trata de la “antigua serpiente”, que ahora “se
ha apoderado del espíritu de la ramera romana”, es
decir de la Iglesia católica y de la “Bestia babilónica”,
el Papa. Hasta los ángeles, dice, “lloran, se ponen
tristes y sufren ahora”, por causa de esta “abominación
de desolación” cuya duración habría
de ser de 1260 años, lo han predicho Cristo, Daniel, Juan
y “los demás profetas” (394-5). Y prosigue,
en lenguage fuertemente milenarista:
Según el testimonio de Cristo, los ejércitos celestiales,
o sea, los propios ángeles, lloran y gimen, consternados
y conmovidos, esta tan gran desgracia del Cristianismo, esta tan
gran miseria de nuestra condición. Esta deplorable situación
nuestra durará “todo el tiempo que en el templo de
Dios se siente un hombre pecador como si fuera Dios” (II
Tes. 2). Este “misterio de iniquidad” ya se venía
fraguando desde los tiempos de los apóstoles, como dice
Pablo. Pues fue un verdadero “misterio de iniquidad”
que el misterio apostólico fuera poco a poco convirtiéndose
en la dignidad y reino del Papado, máxime a partir de Silvestre
y Constantino. “Mil doscientos sesenta años”
ha durado el reino del Anticristo, concluidos los cuales va a
dar comienzo ahora la lucha celestial (395). [20]
Según la interpretación servetiana, el “misterio
de la iniquidad” de que habla Pablo es el Papado de Roma
y “su ambición de dominio y su persecución
a los verdaderos cristianos. Por eso siempre se daban edictos
públicos para dar muerte a los cristianos, que es una de
las notas del Anticristo” (p. 396). Los “signos del
Anticristo” son muchos, y “vemos que se ha cumplido
totalmente desde el tiempo de Constantino y Silvestre: desde entonces
han pasado ya esos 1260 años, durante los cuales ha reinado
una horrible abominación” (p. 398).
Tras discurrer longamente acerca de la “apostasía”
que se ha consumado cuando “la Bestia fue entronizada en
el solio pontificio por el propio espíritu del dragón”
(p. 400), Servet, rescatando una vez más la idea de que
el tiempo ya se cumplió, se dirige a los lectores con la
siguiente exortación:
Por tanto, mantengamos el buen ánimo, pues ya está
completo el número de “almas que han de ser asesinadas”,
como dice el Apocalipsis, cap. 6. Se ha cumplido ya el plazo de
“tres años y medio”, al cabo de los cuales,
bajo el reinado de la Bestia, había de ser hollada la “ciudad
santa” (Lc. 25; Apc. 11, 12 y 13). (p. 400-1) [21] .
En un pasaje en que habla directamente al lector, Servet presenta
tambien su doctrina de Ecclesia fugata, según la cual la
verdadera Iglesia de Cristo se ha evadido desde que el Dragón,
el Papado, se había asentado en el trono romano:
Considera, lector, qué puede significar en Daniel y Juan
esa futura venida y pelea de Miguel al cabo de “mil doscientos
sesenta años” (Dan. 12; Apc. 12). Fíjate bien
con qué precisión se habla de este asunto en esa
profecía, en la que Juan nos enseña que desde el
tiempo en que el hijo de Dios fue arrebatado de entre nosotros
y en que ahuyentada su Iglesia se refugió en el desierto,
han pasado ya “tiempo y tiempos y medio tiempo”, es
decir, un año, dos años y medio año. Este
periodo se interpreta ahí como tres años y medio,
que Juan llama “cuarenta y dos meses”, “mil
doscientos sesenta días”; pero día en lenguaje
profético hay que tomarlo por año, como frecuentemente
nos dan a entender los profetas. De modo que desde los tiempos
de Constantino y Silvestre, el Papa, verdadero Anticristo, ha
reinado ya por espacio de mil doscientos sesenta años.
Desde entonces Dios ha sido seccionado en tres partes, Cristo
se ha esfumado por completo, la Iglesia enteramente echada a pique,
han prevalecido los ídolos, han surgido innmerables sectas
de perdición y abominables desolaciones del reino de Cristo.
Daniel primero y luego Juan dijeron que desde esa perversa destrucción
y antes de la restitución pasarían mil doscientos
sesenta años. (pp. 395-6) [22]
Entre las treinta cartas a Calvino y la Apología a Melanchthon,
Servet hizo publicar un pequeño tratado, intitulado Sesenta
signos del Anticristo. La prisa con que parece haber sido escrito
talvez se deba a que se trata de un borrador para desarrollo de
un texto futuro (hipótesis defendida por Angel Alcalá
[23] ); tal urgencia, sin embargo, puede tambien ser el lenguaje
adecuado para el tema: breve, corta, hiperbólica; apocalíptica,
enfin. En ese caso, sería la única posible ante
la emergencia del Milenio. Ahí, sin cualquier introducción
o explicación preliminar, Servet abre el tratado con el
primer signo: “la perturbación y desoladora conmoción
de todo el mundo” (p. 664). Aunque todo el libro es construído
sobre un fundamento milenarista, algunas de las “señales”
son más abertamente apocalípticos:
Decimoséptima señal. Tomada de ese período
del reino de los mil doscientos sesenta años en el que
tan bellamente coinciden Daniel y Juan. Aunque el misterio del
Anticristo comenzó inmediatamente despues del Cristo, sin
embargo se manifestó verdaderamente y quedó establecido
en tiempos de Silvestre y Constantino, cuando en un concilio ecuménico
nos arrebataron al hijo de Dios, se nos fugó la Iglesia
y se concretaron en leyes y decretos todas las abominaciones.
De ese período ya han pasado “tiempo, y tiempos,
y medio tiempo”: mil doscientos sesenta años. [24]
Señal treinta. La gran batalla de Miguel y de sus ángeles
(Dan. 12; Apoc. 12). En la edad del Anticristo, dice Daniel, al
cabo de mil doscientos sesenta años de su reino, se alzará
Miguel “de parte de los hijos del pueblo de Dios”,
y será tiempo de máxima angustia”. También
Juan intuyó esa celeste guerra que habría al cabo
de los mil doscientos sesenta años. Ya empiezan a organizarse
los ejércitos celestes y terrenos contra el dragón,
contra ese Anticristo! Daniel nos dice que lucharán con
nosotros los más grandes santos. [25]
He ahí otro motivo por el cual se cree Servet integralmente
de parte de la Verdad: como cree que la defensa de su causa es
una batalla contra el Anticristo, Servet se identifica con el
guerrero Arcanjo Miguel, cuya fecha conmemorativa, 29 de septiembre,
es el día de su cumpleaños y la fecha que ha elegido,
en 1552, para la impresión de la primera página
de la Restitutio, en cuya portada aparecían, en hebreo,
las palabras “y apareció Miguel en el cielo”
y, en griego, “y había guerra en el cielo”,
que, para el lector del Apocalipsis, remiten inmediatamente al
restante del versículo: “Miguel y sus ángeles
luchaban contra el Dragón”.
Esta identificación no es inconciente, sino que está
explicitada muy claramente por el mismo Servet. En la Epístola
a Calvino de número veinte, por ejemplo, al comentar el
pasaje del Apocalipsis 12,6, que habla de los “mil doscientos
y sesenta días” dice expresamente:
Yo trabajo constantemente por la restitución de esta Iglesia,
y tú te enfadas conmigo porque me inmiscuyo en esta guerra
de Miguel y deseo que todos los hombres piadosos hagan lo mismo.
Pero lee ese pasaje atentamente y verás que habrá
hombres que lucharán entonces exponiendo su vida a muerte
de sangre en testimonio de Jesucristo, como abiertamente enseña
Juan ahí. (p. 628). [26]
En la página 410 de la Restitutio, Servet vuelve al tema,
en una invocación a Cristo cuyo vocabulario prescinde de
interpretaciones:
Concede a tu siervo, a tu soldado, luchar con tu gran poder contra
el dragón, serpiente, diablo, que le ha dado su poder a
la Bestia, es decir, al Papa, de tal modo que me sea dado descubrir
los restantes misterios de la circuncisión, para que tu
libro quede abierto a todos. Tú mismo, que no sabes mentir,
revelaste a Daniel cómo perdurando aún el dominio
romano y una vez destruida la Bestia, “serían abiertos
los libros” de ambos Testamentos, tal y como ya está
ocurriendo. Haz que cuando se realice tu juicio en el cielo, sea
destruido el “cuerno” del Anticristo por la acción
de tus servidores y que tu reino “sea restituido a tus santos”
(Dan. 7). [27]
Por tanto, la identificación con el Arcangel no está
solamente en la tarea de promover la vocatio, sino que está
expresa, claramente, en todas las lenguas bíblicas. Una
de las llaves para la comprensión de la Restitutio se situa,
precisamente, en esa identificación de Servet con el Arcangel
Miguel. Un indignado Calvino lo comenta con estas palabras, en
su Comentario a Daniel:
Aquel necio hipócrita, Servet, ha osado apropiarse de
este pasage para sí mismo, pois él lo ha escrito
como frontispicio en sus horribles comentarios, porque él
se llamaba Miguel! Nosotros hemos observado que furia diabólica
se apoderaba de él, una vez que osó proclamar cómo
suyo lo que se dice acá del auxilio singular fornecido
por el Cristo a su Iglesia. Él era un hombre de sentimientos
los más impuros, cómo ya hemos dado a conocer suficientemente.
Pero esta era una prueba de su impudencia y de su locura sacrílega:
adornar-se a si mismo con este epíteto de Cristo, gloriandose
de ser Miguel, el guardián de la Iglesia y el príncipe
poderoso de los pueblos! Este hecho es indiscutible, pues tengo
el libros en manos, pues si alguien duda de mi palabra. [28]
Servet se creía, pues, imbuido de la misión de
luchar por la restitución de la Iglesia, la cual ya no
podría ser retrasada, una vez que el plazo ya se estaba
agotando. Y esa puede ser, afinal, la respuesta a la eterna pregunta
sobre su fuga a Ginebra: al exponerse a peligro de muerte, Servet
no “oculta la luz” y, con ello, ofrece su contribución
a la “causa” de la restitución – “causa
común a todos los cristianos, con la que todos estamos
comprometidos”, como dice en el Prólogo (p. 4).
En resumen, Servet creía, como los reformadores radicales
en general, en el final de los tiempos de reinado de la Bestia
romana, que había ya durado casi 1260 años. Y siendo
él Miguel, como el Arcangel guerrero, le tocaba un papel
fundamental en esa batalla contra los poderes infernales, que
era no solo el de ofrecer un programa completo para la restauración
del Cristianismo, desde la recuperación del sentido primitivo
de las palabras de las Escrituras hasta la rehabilitación
de la verdadera Iglesia, del bautismo original y de la Cena tal
como praticada entre los cristianos primitivos, sino el de dar
con su ejemplo y a costa de su propia vida testimonio de aquello
en que creía y que ya en Proemio de su Restitutio ha afirmado
ser “tan sublime por su grandeza, como fácil de entender
y seguro de demonstrar” [29] .
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[1] Williams ha llamado `Radical` a la Reforma de los anabaptistas
y otros restitucionistas en su importante The Radical Reformation,
publicado por primera vez en 1962.
[2] WILLIAMS, G. H., La Reforma Radical, Fondo de Cultura Ecónomica,
México, D.F., p. 4.
[3] KLASSEN, Living at the end of the ages. Apocalyptic Expectation
in the Radical Reformation. Lanham, Marylando: University Press
of America, 1992, p. 4.
[4] Ibid., p. 5.
[5] Ver STROHL, La pensée de la Réforme, Paris:
Delachaux et Niestlé, 1951, cap. VIII, pp. 173 a 224.
[6] Ver ESTEP, The Anabaptist Story. An Introduction to Sixteenth-Century
Anabaptism. Grand Rapids & Cambrigde: William B. Eerdmans
Publishing Co., 1996, cap. X, pp. 237 a 266.
[7] En la traducción al castellano de Angel Alcalá
y Luis Betes, Restitución del Cristianismo. Madrid: Fundación
Universitaria Española, 1980, p. 121.
[8] BALKE, Calvin and the Anabaptist Radicals. Grand Rapids,
Michigan: William B. Eerdmans Publishing Co., 1981, p. 295.
[9] KLASSEN, op. cit., p. 115.
[10] Ibid., 56.
[11] COHN, N. Na senda do Milénio. Milenaristas revolucionários
e anarquistas místicos da Idade Média. Lisboa: Editorial
Presença, 1981,, p. 199.
[12] Ibid. p. 228.
[13] KLASSEN, op. cit., p. 83.
[14] COHN, op. cit., 11.
[15] BALKE, op. cit., 111.
[16] Ibid.
[17] KLASSEN, op. cit., 27.
[18] Ibid., 29.
[19] ESTEP, op. cit.. 156.
[20] Exercitus caelorum, teste Christo, siue angeli ipsi consternati
et commoti hanc tantam Christianismi iacturam, hanc tantam status
nostri meseriam, lachrymantur, et deflent. Durauit lachrymabilis
nostra conditio ad tempus, quo in templo Dei sedit homo peccator,
quasi Deus in terris. 2. Thes. 2. Cuius mysterium iniquitatis
iam apostolorum tempore agebatur, vt ait ibi Paulus. Verum nanque
fuit mysterium iniquitatis, cum se apostolatus munus in Papatus
dignitatem et regnum sensim transformauit, idque magis post Syluestrum
et Constantinum. Annos mille ducentos sexaginta durauit regnum
Antichristi, quibus finitis erit nunc caelestis pugna.
[21] Completum est tempus trium annorum cum dimidio, quibus,
regnante bestia, erat ciuitas santas sancta calcanda, Lucae. 21.
Apoc. 11. I2. et i3.
[22] Cogita, lector, quid apud Danielem et Ioannem significet
ille Michaelis futurus aduentus, et pugna post annos desolationis
mille ducentos sexaginta, Dani. I2. et apoc. I2. Obserua bene,
quam certa sit ibi de hac re prophetia, qua nos docet Ioannes,
a tempore, quo ereptus est a nobis filius Dei, et a quo eius ecclesia
in solitudinem fugata fecessit, iam transisse tempus, tempora,
et dimidium temporis, annum vnum, annos duos, et semiannum. Hi
declarantur ibi esse tres anni cum dimidio, quos et Ioannes vocat
menses quadraginta duos, dies mille ducentos sexaginta.
[23] In Treinta cartas a Calvino. Sesenta Signos del Anticristo.
Apología a Melanchthon. Madrid: Editorial Castalia, 1981,
Introducción, cap. IV, p. 50.
[24] Decimum septimum signum, Tempus regni annorum mille ducentorum
sexaginta, in quo pulchre conueniunt Daniel et Ioannes. Quamuis
post Christum mox caepit Antichristi mysterium: vere tamen emicuit,
et stabilitum est regnum, tempore Syluestri et Constantini. Quo
tempore est mox oecumenico concilio a nobis ereptus filius Dei,
fugata ecclesia, et abominationes omnes legibus decretare. Hinc
transierunt tempus et tempora et dimidium temporis, anni mille
ducenti sexaginta.
[25] Tricesimum signum, Michaelis et angelorum pugna, Dani. I2
et apc. I2. In tempore illo regni Antichristi, ait Daniel, post
annos mille ducentos sexaginta regni eius, consurget Michael stans
pro filiis populi Dei, et erit tempus maximae angustiae. Vidit
Ioannes futuram post annos mille ducentos sexaginta, hanc caelestem
pugnam. Caelestia et terrestria contra draconem, et Antichristum
iam mouentur. Sanctos altissimos hic pugnaturos ait Daniel.
[26] In huius ecclesiae restitutione ego iugiter laboro, et ob
id tu mihi succenses, quod pugnae illi Michaelis me immisceam,
et pios omnes misceri disiderem. Sed locum illum diligenter expende,
et videbis, homines fore, qui ibi pugnabunt, animas suas morti
exponendo, in sanguine et testimonio Iesu Christi, vt aperte docet
ibi Ioannes.
[27] Da seruo tuo, militi tuo, vt contra draconem serpentem diabolum,
qui potestatem Bestiae, id est, Papae dedit, potentia tua magna
viriliter pugnet, et sequentia circuncisionis mysteria ita aperiat,
vt líber tuus omnibus aperiatur. Tu enim ipse, qui mentiri
nescis, Danieli reuelasti, vtriusque testamenti libros, stante
Romano império, destructa bestia, esse aperiendos, vt nunc
aperiuntur. Et quod tunc indicium tuum in caelo sedebit, et pugnantibus
ministris tuis cornu Antichristi perdatur, et regnum tuum sanctis
tuis restituatur, Dani. 7.
[28] Commentary on Daniel, vol. 2, in http://www.ccel.org/c/calvin/calcom25/htm/vii.htm.
[29] Qui nobis hic ponitur scopus, vt est maiestate sublimis,
ita perspicuitate facilis, et demonstratione certus.