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Newsletter #2, Abril 2004

Servet y el Leño Verde: Para que el lector sepa de qué se trata

Por Ángel Alcalá
Profesor Emérito del Brooklyn College, New York, y Vicepresidente de la Servetus International Society

Hace años, con mi gran amigo Luis Betés -alcañizano él, andorrano yo, hijos del Bajo Aragón y unidos por tantas vivencias juveniles- traduje del latín por primera vez al español y a cualquier lengua el gran libro de Servet Christianismi restitutio. Se me ocurrió hacer algo más para poner su vida y su doctrina al alcance de todos. De poco sirve presumir de que Aragón ha enriquecido a la humanidad con grandes genios -no es larga la nómina, mas sí intensa-, si convertidos en mito apenas atinamos a balbucear un par de frases sobre lo que fueron e hicieron. Toda persona culta acierta al recordar que Servet (Serveto para los puristas, con antepasados de esa aldea cercana a Benasque) nació en Villanueva de Sijena, describió antes que nadie la circulación de la sangre y por eso llevan su nombre avenidas y hospitales, y un intransigente llamado Calvino, protestante (ni católico ni español, menos mal), lo hizo quemar vivo en Ginebra por hereje. Se hurga algo más, y pocos sabrán ya por qué sus ideas eran o parecían herejías, y casi nadie, que al radicalismo con que se atrevió a pensar sobre todo sin importarle las consecuencias, y a la batalla contra la intolerancia que él y sus amigos iniciaron, se debe el que hoy reconozcamos como un derecho natural la libertad de conciencia y de expresión. Si Jesús dijo que no hay mayor amor que dar la vida por los amigos, no hay mayor intelectual que el que da la vida por sus ideas.

Pensé, pues, que como apenas llegan al gran público los aburridos libros que escribimos los investigadores, había que echar mano de otros medios para llevar a él la figura de Servet. ¿Por qué no el cine? Me he pasado media vida -bueno, es un decir: bastante menos- estudiándolo, traduciéndolo, como si al encontrarme con él hubiera descubierto en su doctrina y su personalidad a un hermano mayor. Mi curiosidad sobre él comenzó al preguntarme quién fue ese personaje, que los zaragozanos ven todos los días, cuya estatua sedente y las de otros tres sabios aragoneses adorna los portales de la antigua Facultad de Medicina, en pleno centro de la ciudad. En Nueva York, donde vivo, conocí luego al prestigioso profesor de la Universidad de Yale y egregio historiador del cristianismo, Ronald H. Bainton, autor del hasta hace poco mejor estudio total sobre Servet. El difunto Duque de Alba acogió nuestra sugerencia de traducirlo y ponerlo al día en la editorial Taurus, Madrid, que él dirigía: Servet, el hereje perseguido, 1973.

Desde entonces quedé atrapado por Servet. Con frecuentes cartas ayudé a aquel entusiasta que fue Julio Arribas Salaberri a formar y animar el Instituto de Estudios Sijenenses que fundó en Sijena. Siguieron numerosas publicaciones sobre el querido Miguel: El sistema de Servet (Madrid, Fundación Juan March, 1978); Servet en su tiempo y en el nuestro: El nuevo florecer del servetismo (Sijena, 1978); traducción y edición con centenares de notas de Restitución del Cristianismo (Madrid, FUE, 1980), de Treinta cartas a Calvino y Apología a Melanchton (Madrid, Castalia, 1981), de Dos escritos cientificos de Servet (Sijena, 1981); Y Miguel Servet: Sabio, hereje, mártir, Zaragoza, CAl 100, 2000, aparte varios estudios dispersos.

Este año, 2003, es el 450 aniversario de la muerte de Servet. Con generoso patrocinio de la DGA y algunas instituciones privadas vamos a estudiar su obra en un congreso internacional que, tan multidisciplinar como el abanico de sus intereses científicos, se celebrará en Zaragoza y Huesca. La generosidad de la Universidad de Zaragoza se une empezando a publicar su obra completa en edición bilingüe dentro de su prestigiosa "Colección Larumbe». No podía faltar la entusiasta colaboración de los responsables de ese venero de cultura que en la Excma. Diputación provincial de Zaragoza, presidida por el Prof. Javier Lambán, es desde hace tiempo la Institución "Fernando el Católico», que brillantemente dirige el Profesor Gonzalo M. Borrás. Me honro en agradecerle su acogida y comprensión incondicional.

Para la redacción de este texto se han tenido en cuenta las tres principales biografías modernas de Servet: la citada de Bainton, la del Dr. José Barón (Madrid, Espasa-Calpe, 1970), y la muy reciente del bioquímico, teólogo e historia­dor polaco asentado en Houston, Texas, Dr. Marian Hillar, Tbe case of Michael Seruetus (1511-1553), Tbe turning point in the struggle for freedom of conscience (Lewiston, NY, 1997), mejorada en Michael Seruetus: lntellectual giant, humanist, and martyr (New York Oxford, Univ. Presses of America, 2002). Sobre todo, se han tenido a la vista los docu­mentos originales de los dos procesos de Servet: el de la Inquisición católica de Viena del Delfinado y el de la protes­tante Ginebra, respectivamente de abril y agosto-noviembre de 1553, que se contienen en la obra de Pierre Cavard, Le proces de Michel Seruet a Vienne (Viena, 1953) y en el vol. VIII de las Obras de Calvino, del Corpus Reformatorum (1870), que recoge ambos.

Por esto, la autenticidad de la mayor parte de las escenas es perfecta. Naturalmente, algunas son sólo hipotéticas, pero verosímiles, y algún personaje no es histórico. La mayor par­te de los diálogos incluyen párrafos enteros sacados literal­mente de los mencionados procesos de Servet. Se ha evitado entrecomillarlos, para aligerar el texto. En conclusión, se ha procurado crear un ambiente y unas secuencias que respon­dan lo más fielmente posible a lo que realmente ocurrió. Los juegos de imaginación y los personajes y situaciones ficticios aspiran tan sólo a enmarcar la historia para hacerla más aceptable artísticamente y dotada de mayor eficacia para el espectador. Cree el autor que no hay mejor novela o pelícu­la históricas que las que cuentan los hechos conocidos con verosimilitud, pues en historia sigue siendo verdad que la realidad supera al arte. Debe el autor --con arte y artificio­apuntalarla para hacerla atractiva, pero no sustituirla. No a otra razón obedece el relativo fracaso de relatos espectacula­res y artísticamente interesantes como las películas Goya en Burdeos y Volaverunt, sobre el inmortal sordo de Fuende­todos, la más reciente sobre los desvaríos iniciales de Juana la Loca o la compleja serie que sobre Servet produjo TVE.

Hace ya más de veinte años, cuando se concluyó la pri­mera redacción de este texto, pudo llegar, por mediación de un alto cargo de la administración, a manos de varios direc­tores de cine, alguno de ellos aragonés. Me desanimé y ceséde insistir cuando respondieron: éste que nunca hacía pelícu­las históricas, aquél que sólo llevaba a pantalla sus propios guiones, unos que les buscara un mecenas productor y casi todos que no les interesaban las monsergas teológicas o que en la vida y muerte de Servet, sin apenas atisbos de sexo y violencia, y a pesar de su tragedia, faltaban imprescindibles ingredientes del cocktail peliculero. Mil veces me he pregun­tado, al ver películas como Aman lor all seasons sobre Sto. Tomás More, por qué la cinematografía inglesa, histórica­mente escrupulosa sin dejar de ser comercial, no sirve de ejemplo para elevar el tono de la española, tantas veces embarrancada en temas chatos cuando no chabacanos.

Como los actores de Pirandello, este texto sigue buscando no autor, pues lo tiene bien certificado, sino productor inteli­gente y animoso. Si publicándolo damos al fin con él y con un

buen guionista técnico que lo perfeccione, el Director de la Institución «Fernando el Católico» merecerá redoblada gratitud por no haberle fallado la intuición con que me hizo su oferta.

Escrito en "La Mora», Pieres (Buenos Aires), 1 de febrero de 1977.

Corregido en Madrid, 21 de febrero de 1999. Retocado en Nueva York, 27 de diciembre de 2001 y 15 de enero de 2003.

 

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