Por Andrew Fincham
Executive Member of the Servetus International
Society
Los libros son peores que los niños a la hora de poner
de manifiesto algunos de los peores rasgos del ser humano –
sobreproteccionismo y ambiciones. Y hablo desde la experiencia,
pues durante los tres últimos meses he contribuido al nacimiento
tanto de un niño como de un volumen de poesía. Lo
cierto es que la poesía sufrió un proceso de gestación
más largo, más problemático y frustrante
desde la concepción del primer poema hasta la publicación
del volumen quince meses más tarde.
En la introducción de ‘An Impartial History of Servetus’,
en la segunda página, el autor plantea el tema del valor
de la lectura - en particular, la de las Escrituras. Su pregunta
se formula así:
"¿De qué le valió a las Escrituras ser
leídas y poseídas por la gente corriente?"
Los últimos meses de gestión del proceso a través
del cual nosotros preparamos la edición de la SIS de ‘Impartial
History’ llevan a preguntarme si los editores y los miembros
del consejo de administración no opinan lo mismo sobre
su custodia ante los medios de comunicación.
Obviamente, los editores necesitan libros y los miembros del
consejo de administración se ven obligados a utilizar sus
fondos. Y una nueva edición de ‘Impartial History’
después de casi trescientos años es considerada,
por lo general, un ejercicio que vale le pena. Donde el proceso
se hace frustrante es cuando se intenta comprender un concepto
sobre el que cada interesado pueda estar de acuerdo.
La primera y la más importante idea detrás de la
reproducción del libro fue que la nueva edición
debería conservar la ortografía original aunque
se utilizara una fuente más clara. Este deseo surgió
más a raíz de las dificultades al trazar una línea
editorial que de cualquier otra voluntad por conservar la calidad
de la prosa, siendo gran parte de ella una traducción poco
refinada del francés del s. XVII.
Este hecho, a su vez, presenta dos problemas, el menor de los
cuales sería el diseño de la fuente. Podemos considerarnos
excepcionalmente afortunados por haber conseguido los servicios
de Olgierd Chmielewski, un nombre quizás poco familiar
para aquellos ajenos al mundo de los libros especializados pero
responsable de la producción de algunas de las más
precisas reimpresiones de los últimos años. Experto
en tipografía, el último cliente de Olek fue el
Papa Juan Pablo II, para el cual elaboró un libro de versos
de gran éxito de ventas. Nos encontramos, por tanto, en
buena y ecuménica compañía.
Pero el asunto de la ortografía presenta problemas con
la corrección de pruebas. En la misma página que
se cita arriba, el noble Doctor y buen eclesiástico San
Crisóstomo es también referido como Crisóstomo;
más adelante Melanchthon es traducido de forma diferente
en una misma frase (pág. 92); la ‘Bibliotique Anglais’,
fuente de gran parte del libro, nunca se conforma con una sola
variante de entre muchas. Del mismo modo se alternan los topónimos,
Bern y Berne, Basle y Basil, Frankfort, etc. Todo ello unido a
la infinidad de variaciones en la ortografía de las obras
de finales del s. XVII. La tarea de los correctores de pruebas
se hace imposible ya que gran parte de sus habilidades no incluye
la comparación palabra a palabra de la versión original
con la reimpresa. Lo cual nos lleva a pensar que todos somos disléxicos
hasta cierto punto.
Contratar a expertos anima a los miembros del consejo de administración
a desembolsar fondos y facilita recibir propuestas de los editores.
Sin embargo, el reducido mundo de las reimpresiones de libros
antiguos parece haber conservado el mismo espíritu de la
época medieval; la colaboración es mínima
y las rivalidades se asemejan a los conflictos sangrientos de
siglos pasados. En resumen, una mitad no funciona sin la otra
y lo que se necesita es el equivalente literario del rompecabezas
en el que el granjero tiene que llevar pollos al otro lado del
río donde le espera un zorro.
Con todo, el libro sigue adelante. Un espíritu de compromiso
prevalece, la calidad de la reimpresión. La notificación
de la fecha de lanzamiento continúa siendo prerrogativa
de los expertos en cuyas manos debemos acogernos. Se ha hablado
de una versión electrónica que acompañe al
libro, y si hay interés en ella podríamos producirla
primero, sujeto esto al acuerdo de todas las partes.
Mientras, si alguien desea tener un libro físico, le recomiendo
la nueva colección ganadora de un premio, "Centro
de Gravedad". Olvidé el nombre del autor …
Andrew J. Fincham