Por Ángel Alcalá
Profesor Emérito del Brooklyn College, New York, y
Vicepresidente de la Servetus International Society.
Hace años, con mi gran amigo Luis Betés -alcañizano
él, andorrano yo, hijos del Bajo Aragón y unidos
por tantas vivencias juveniles- traduje del latín por primera
vez al español y a cualquier lengua el gran libro de Servet
Christianismi restitutio. Se me ocurrió hacer algo más
para poner su vida y su doctrina al alcance de todos. De poco
sirve presumir de que Aragón ha enriquecido a la humanidad
con grandes genios -no es larga la nómina, mas sí
intensa-, si convertidos en mito apenas atinamos a balbucear un
par de frases sobre lo que fueron e hicieron. Toda persona culta
acierta al recordar que Servet (Serveto para los puristas, con
antepasados de esa aldea cercana a Benasque) nació en Villanueva
de Sijena, describió antes que nadie la circulación
de la sangre y por eso llevan su nombre avenidas y hospitales,
y un intransigente llamado Calvino, protestante (ni católico
ni español, menos mal), lo hizo quemar vivo en Ginebra
por hereje. Se hurga algo más, y pocos sabrán ya
por qué sus ideas eran o parecían herejías,
y casi nadie, que al radicalismo con que se atrevió a pensar
sobre todo sin importarle las consecuencias, y a la batalla contra
la intolerancia que él y sus amigos iniciaron, se debe
el que hoy reconozcamos como un derecho natural la libertad de
conciencia y de expresión. Si Jesús dijo que no
hay mayor amor que dar la vida por los amigos, no hay mayor intelectual
que el que da la vida por sus ideas.
Pensé, pues, que como apenas llegan al gran público
los aburridos libros que escribimos los investigadores, había
que echar mano de otros medios para llevar a él la figura
de Servet. ¿Por qué no el cine? Me he pasado media
vida -bueno, es un decir: bastante menos- estudiándolo,
traduciéndolo, como si al encontrarme con él hubiera
descubierto en su doctrina y su personalidad a un hermano mayor.
Mi curiosidad sobre él comenzó al preguntarme quién
fue ese personaje, que los zaragozanos ven todos los días,
cuya estatua sedente y las de otros tres sabios aragoneses adorna
los portales de la antigua Facultad de Medicina, en pleno centro
de la ciudad. En Nueva York, donde vivo, conocí luego al
prestigioso profesor de la Universidad de Yale y egregio historiador
del cristianismo, Ronald H. Bainton, autor del hasta hace poco
mejor estudio total sobre Servet. El difunto Duque de Alba acogió
nuestra sugerencia de traducirlo y ponerlo al día en la
editorial Taurus, Madrid, que él dirigía: Servet,
el hereje perseguido, 1973.
Desde entonces quedé atrapado por Servet. Con frecuentes
cartas ayudé a aquel entusiasta que fue Julio Arribas Salaberri
a formar y animar el Instituto de Estudios Sijenenses que fundó
en Sijena. Siguieron numerosas publicaciones sobre el querido
Miguel: El sistema de Servet (Madrid, Fundación Juan March,
1978); Servet en su tiempo y en el nuestro: El nuevo florecer
del servetismo (Sijena, 1978); traducción y edición
con centenares de notas de Restitución del Cristianismo
(Madrid, FUE, 1980), de Treinta cartas a Calvino y Apología
a Melanchton (Madrid, Castalia, 1981), de Dos escritos cientificos
de Servet (Sijena, 1981); Y Miguel Servet: Sabio, hereje, mártir,
Zaragoza, CAl 100, 2000, aparte varios estudios dispersos.
Este año, 2003, es el 450 aniversario de la muerte de
Servet. Con generoso patrocinio de la DGA y algunas instituciones
privadas vamos a estudiar su obra en un congreso internacional
que, tan multidisciplinar como el abanico de sus intereses científicos,
se celebrará en Zaragoza y Huesca. La generosidad de la
Universidad de Zaragoza se une empezando a publicar su obra completa
en edición bilingüe dentro de su prestigiosa "Colección
Larumbe». No podía faltar la entusiasta colaboración
de los responsables de ese venero de cultura que en la Excma.
Diputación provincial de Zaragoza, presidida por el Prof.
Javier Lambán, es desde hace tiempo la Institución
"Fernando el Católico», que brillantemente dirige
el Profesor Gonzalo M. Borrás. Me honro en agradecerle
su acogida y comprensión incondicional.
Para la redacción de este texto se han tenido en cuenta
las tres principales biografías modernas de Servet: la
citada de Bainton, la del Dr. José Barón (Madrid,
Espasa-Calpe, 1970), y la muy reciente del bioquímico,
teólogo e historiador polaco asentado en Houston,
Texas, Dr. Marian Hillar, Tbe case of Michael Seruetus (1511-1553),
Tbe turning point in the struggle for freedom of conscience (Lewiston,
NY, 1997), mejorada en Michael Seruetus: lntellectual giant, humanist,
and martyr (New York Oxford, Univ. Presses of America, 2002).
Sobre todo, se han tenido a la vista los documentos originales
de los dos procesos de Servet: el de la Inquisición católica
de Viena del Delfinado y el de la protestante Ginebra, respectivamente
de abril y agosto-noviembre de 1553, que se contienen en la obra
de Pierre Cavard, Le proces de Michel Seruet a Vienne (Viena,
1953) y en el vol. VIII de las Obras de Calvino, del Corpus Reformatorum
(1870), que recoge ambos.
Por esto, la autenticidad de la mayor parte de las escenas es
perfecta. Naturalmente, algunas son sólo hipotéticas,
pero verosímiles, y algún personaje no es histórico.
La mayor parte de los diálogos incluyen párrafos
enteros sacados literalmente de los mencionados procesos
de Servet. Se ha evitado entrecomillarlos, para aligerar el texto.
En conclusión, se ha procurado crear un ambiente y unas
secuencias que respondan lo más fielmente posible
a lo que realmente ocurrió. Los juegos de imaginación
y los personajes y situaciones ficticios aspiran tan sólo
a enmarcar la historia para hacerla más aceptable artísticamente
y dotada de mayor eficacia para el espectador. Cree el autor que
no hay mejor novela o película históricas que
las que cuentan los hechos conocidos con verosimilitud, pues en
historia sigue siendo verdad que la realidad supera al arte. Debe
el autor --con arte y artificioapuntalarla para hacerla atractiva,
pero no sustituirla. No a otra razón obedece el relativo
fracaso de relatos espectaculares y artísticamente
interesantes como las películas Goya en Burdeos y Volaverunt,
sobre el inmortal sordo de Fuendetodos, la más reciente
sobre los desvaríos iniciales de Juana la Loca o la compleja
serie que sobre Servet produjo TVE.
Hace ya más de veinte años, cuando se concluyó
la primera redacción de este texto, pudo llegar, por
mediación de un alto cargo de la administración,
a manos de varios directores de cine, alguno de ellos aragonés.
Me desanimé y ceséde insistir cuando respondieron:
éste que nunca hacía películas históricas,
aquél que sólo llevaba a pantalla sus propios guiones,
unos que les buscara un mecenas productor y casi todos que no
les interesaban las monsergas teológicas o que en la vida
y muerte de Servet, sin apenas atisbos de sexo y violencia, y
a pesar de su tragedia, faltaban imprescindibles ingredientes
del cocktail peliculero. Mil veces me he preguntado, al ver
películas como Aman lor all seasons sobre Sto. Tomás
More, por qué la cinematografía inglesa, históricamente
escrupulosa sin dejar de ser comercial, no sirve de ejemplo para
elevar el tono de la española, tantas veces embarrancada
en temas chatos cuando no chabacanos.
Como los actores de Pirandello, este texto sigue buscando no
autor, pues lo tiene bien certificado, sino productor inteligente
y animoso. Si publicándolo damos al fin con él y
con unbuen guionista técnico que lo perfeccione, el Director
de la Institución «Fernando el Católico»
merecerá redoblada gratitud por no haberle fallado la intuición
con que me hizo su oferta.
Escrito en "La Mora», Pieres (Buenos Aires), 1 de
febrero de 1977.
Corregido en Madrid, 21 de febrero de 1999. Retocado en Nueva
York, 27 de diciembre de 2001 y 15 de enero de 2003.