Hillar: "Servet permanece como un faro en el horizonte
de la Historia"
El Congreso Internacional Servetus, celebrado en Barcelona
y organizado por la ONG que preside el teólogo Marian
Hillar, constata la validez del servetismo como filosofía
de la vida y su poca influencia en la evolución de
la Iglesia.
JOSE LUIS SOLANILLAS. BARCELONA
22 Octubre 2006, Heraldo de Aragón
Libertad
de acción y de pensamiento, respeto a la dignidad de
las personas, libertad de expresión, tolerancia con
las creencias de los demás, capacidad de sacrificio,
recurrir al razonamiento para defender con fidelidad las propias
ideas, búsqueda de la verdad mediante la reflexión
y la revisión constante de todos los principios y creencias
incuestionables. Un conjunto de derechos y actitudes ante
la vida que podrían definir las bases sobre las que
edificar una sociedad moderna ejemplar, preceptos plenamente
vigentes y y que justificaron la vida y la obra de Miguel
Servet, según se ha puesto de manifiesto durante los
dos días que ha durado el Congreso Internacional que
sobre su figura se ha celebrado en Barcelona.
Por todo ello, "no hay otra figura en la Historia de
las ideas que pudiera igualar la importancia de Servet para
la evolución de la cultura occidental", según
el filósofo y teólogo norteamericano Marian
Hillar, presidente de la Servetus International Society. Esta
ONG ha organizado este congreso, que se clausuró ayer
y que ha reunido a investigadores, profesores e intelectuales
de las más variadas disciplinas, interesados y seducidos
todos ellos por este genio aragonés, en el que se funde
lo mejor que produjo el siglo XVI y cuya sombra sigue proyectándose
en nuestros días. Es más, según una de
las conclusiones del encuentro, queda todavía mucho
por estudiar de la obra de Servet, cuyo legado permaneció
maldito y oculto durante largas décadas gracias al
celo de los inquisidores y tiranos de las diferentes creencias
religiosas a las que Servet puso en apuros con su caritativa
búsqueda de la verdad. Durante estos dos días,
sus exégetas se han manifestado a favor de seguir el
ejemplo del que consideran su maestro. "El servetismo
es una actitud ante la vida. Tenemos que hacernos constantemente
preguntas sobre cuanto nos rodea, sobre qué busca el
hombre en la vida, qué es la felicidad. Servet es un
gran modelo, un ejemplo de autosacrificio", proclamaba
Ángel Alcalá, teólogo y filósofo,
otro aragonés eminente, vicepresidente de la Servetus
Society y al que el congreso de Barcelona ha rendido un merecido
homenaje por su incansable labor en el estudio y difusión
de la obra de Servet.
Sus intervenciones y las de casi todos los ponentes, llegados
desde una docena de países de varios continentes, han
sido de un calado intelectual impresionante, como no podía
ser de otra manera dada la grandeza del personaje, en cuyo
pensamiento el hombre ocupa un lugar especial en el mundo.
Se ha repasado y analizado especialmente la evolución
del programa religioso de Servet, un reformista revolucionario
que anhelaba una restitución del cristianismo a su
simplicidad e integridad original. Una de sus ideas básicas
es que la fe es un libre acto voluntario y espontáneo.
Por eso concluye que el bautismo de los niños y la
instrucción o conversión forzada suponen un
abuso de los derechos fundamentales y un ataque a la dignidad
de las personas.
Sus proclamas, sin embargo, han tenido poca o ninguna influencia
en el devenir de la Iglesia católica, como ponía
de manifiesto ayer Marian Hillar. Los niños se siguen
bautizando al poco de nacer sin darles opción a elegir
y su voz en favor de la libertad de conciencia, una de las
herejías por las que fue condenado, no ha sido apenas
tenida en cuenta. Al respecto, Hillar transcribió una
cita del cardenal Ratzinger poco antes de su proclamación
como Papa: "La libertad del acto de fe no puede justificar
el derecho a la disensión. Esta libertad no indica
la libertad respecto a la verdad, sino que significa la libre
determinación de la persona conforme con su obligación
moral a aceptar la verdad".
Paz y justicia
Grande fue la preclaridad del sabio de Villanueva de Sijena,
quien dijo que "mientras dure el mundo, queramos o no,
tenemos que guardar el orden del mundo, que se guarda especialmente
con la administración de la Justicia". Servet
propone no cultivar prejuicios de malevolencia y exige el
derecho a la propia expresión, la mutua comprensión
y la tolerancia, y practicar la justicia, garantía
de paz. Como recordó Ángel Alcalá, "Opus
iustiae pax (la paz es obra de la justicia)". "Miguel
Servet permanece como un faro en el horizonte de la Historia",
sentenció Marian Hillar.

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