Serveto, en la vida de Casiodoro de Reyna
Por Miguel
Ángel Pascual Ariste, co-fundador de la Servetus International
Society
Casiodoro
Reyna, nació hacia 1520 en Montemolín (entonces Reino de Sevilla,
actualmente Extremadura), él se autodenomina “Cassiodorus
Reinius Hispanus Hispalensis”, esto es, español de Sevilla,
en una Biblia que dedicó al ayuntamiento de Frankfort de Meno,
donde pidió y le concedieron la ciudadanía y falleció en 1594.
Abandonó el monasterio jerónimo de San Isidoro del Campo,
próximo a Sevilla, en 1557, al descubrirse la comunidad protestante
Sevillana, fijando su residencia en Ginebra. Su deseo de ponerse
a salvo de la Inquisición, diferencias con los calvinistas,
las intrigas de Felipe II (que puso espías cerca de él y precio
a su cabeza), necesidades económicas y la impresión de su
traducción de la Biblia ( la primera completa al castellano
a partir del hebreo y el griego ) le obligaron a cambios constantes
de domicilio. Así lo vemos en Frankfort, Londres, Amberes,
Bergerac, Castillo de Montargis, Basilea y Estrasburgo.
Como traductor, se le debe la conocida como Biblia del Oso
(Basilea, 1569) y la traducción al francés de Historia Confessionis
Augustanae (Amberes, 1582). Fue el autor de la Declaración
o Confesión de Fe hechas por ciertos fieles españoles, que
huyendo de los abusos de la Iglesia Romana y la crueldad de
la Inquisición de España, hicieron a la iglesia de los fieles
para ser en ella recibidos (Frankfort, 1577); de comentarios
a porciones de los Evangelios de San Juan y San Mateo (aparecidas
en latín en 1573, Frankfort) y de un Catecismo (1580), publicado
en latín, francés y holandés. También redacto unos Estatutos
para una sociedad de ayuda a los pobres y perseguidos, en
Frankfort, que ha llegado hasta nosotros.
En el Auto de Fe de la Inquisición de Sevilla, el 26 de abril
de 1562, fue quemado en efigie y figuró en el Indice como
autor de primera clase. Sospechoso se hizo Casiodoro a los
ultra ortodoxos calvinistas de Ginebra por sostener que también
a los anabaptistas se les debía considerar como hermanos,
por propagar el libro de Castellion sobre “que no se debían
quemar los herejes” y por decir que Miguel Servet había sido
quemado injustamente en Ginebra. Sus enemigos reprocharon
a Casiodoro que cada vez que él paseaba delante del lugar
de la hoguera de Servet se le saltaban las lágrimas.
Fue el autor del primer gran libro contra la Inquisición
publicado por primera vez en Heidelberg en 1567 bajo el pseudónimo
de Reginaldus Gonsalvius Montanus.
En la lectura anterior, vemos coincidencias en la vida de
Casiodoro Reyna con la de su predecesor Miguel Serveto Conesa:
Los dos se proclaman Hispanus hasta su muerte, a pesar de
solicitar y obtener ciudadanía extranjera; viajan a Ginebra,
donde hablan con Calvino; se ven obligados a viajes y cambios
constantes de domicilio, para huir de la Inquisición e imprimir
sus obras, usando en ocasiones pseudónimo; ayudan a los pobres;
se enfrentan a la doctrina calvinista; respetan a los anabaptistas;
son quemados en efigie. Casiodoro es amigo y admirador de
Castellion, primer defensor de Serveto, y resulta enternecedor
sus lágrimas al pasar por el lugar donde fue quemado Serveto.
La
Biblia de Casiodoro de Reyna es la primera Biblia completa
impresa en lengua española, anteriormente existía la de Alfonso
X el Sabio, versión que además de ser más bien una paráfrasis
que una traducción, y ser manuscrita sin divulgación, sólo
tenía un valor meramente histórico. También había otras traducciones
incompletas. Es la única traducción protestante hoy existente,
conocida como la Biblia del Oso (Basilea 1569), llamada así,
porque la portada está ilustrada con un oso, antigua marca
tipográfica. También en la portada se encuentra, tanto en
hebreo como en español, el siguiente texto: “La Palabra del
Dios nuestro permanece para siempre”. Isaías 40:8. Fue un
convencido de la absoluta e imperiosa necesidad, de que los
hombres pudiesen leer y comprender la Eterna Palabra en su
propia lengua.
En la posterior Biblia de Cipriano de Valera (Ámsterdam 1602),
este se limitó a cambiar el orden de los libros y a añadir
o quitar notas marginales, con alteraciones mínimas del texto
bíblico fijado por el primer traductor, Casiodoro, cuyo nombre
es silenciado. Este silencio se explica por la enemistad de
más de treinta años que el súper ortodoxo calvinista Cipriano
de Valera sintió por su antiguo maestro en el convento, por
haberse negado Casiodoro a someter su traducción de la Biblia
a la censura de los eclesiásticos de Ginebra. Cipriano, fecundo
escritor, atestiguó el respeto y subordinación que sentía
por Calvino, traduciendo al castellano sus Instituciones Cristianas.
Casiodoro de Reina, era considerado el maestro de la comunidad
evangélica de los frailes de San Isidro del Campo, que en
1557 huyeron de Sevilla y se dirigieron a Ginebra, y fue el
único que no tuvo que hacer estudios suplementarios de teología
bajo Théodore de Bèze y también el único fraile a quien los
Inquisidores sevillanos en el Auto de Fe de 23 abril 1562
dieron el título de “heresiarca”..
Cuando Casiodoro llegó a Ginebra, forjó el plan para traducir
la Biblia completa al español, tratándolo con Calvino, a quien
Enzinas ya le había solicitado, cinco años antes, financiar
la espléndida Biblia en español que el burgalés estaba terminando
de traducir en Estrasburgo y que quería imprimir en Ginebra.
Enzinas se había gastado una enorme suma tanto en la realización
de los seiscientos grabados contratados al artista Fran Oberritter
en Estrasburgo, como en la fundición de los majestuosos y
bellísimos tipos de letra (utilizados posteriormente en la
segunda edición en folio real de la Humani corporis fabrica
de Andreas Vesalius, Basilea, J. Oporino, 1555).
La temprana muerte de Enzinas le ahorró al reformador ginebrino
Calvino, la mayor afrenta de su vida: los cuatro libros del
Antiguo Testamento publicados por Enzinas, en Estrasburgo
en 1550, y los pendientes de impresión en el verano de 1552,
estaban traducidos, no a partir de los textos originales,
sino de la versión latina de Sebastián Castellion, apóstol
de la tolerancia religiosa, amigo íntimo de Enzinas y el hombre
más odiado por Calvino y los calvinistas. La excelente versión
en latín clásico de Castellion fascinó, además de Enzinas,
a Casiodoro, que decidió, a despecho de otros españoles sumisos
a Calvino, escribir una carta al “docto et pio viro Sebastiano
Castalioni”. Cuando los calvinistas se enteraron de que Casiodoro
se marchaba a Inglaterra, no tardaron en ponerle el sobriquete
de Moisés de los españoles, pues logró llevarse consigo muchos
de sus compatriotas. Llegado a Londres a finales de 1558,
Casiodoro actúa de espía para la reina Isabel, asalariado
por ella con 60 libras y organiza allí una Iglesia de lengua
española, en Santa María de Hargs. Los celosos calvinistas
de las iglesias francesa y flamenca de Londres, guiados por
su extrema desconfianza y antipatía por Casiodoro, no hacían
sino espulgar sus textos, buscar herejías y denunciarlas a
Ginebra, llegando a avisar a la Inquisición,y se le acusa
injustamente de sodomía.
El resultado de esta conjura fue la huída precipitada de
Casiodoro a Amberes en enero 1564 y la dispersión de la iglesia
española de Londres.
Casiodoro erró durante más de tres años entre Francfort,
Heidelberg, el sur de Francia, Basilea y Estrasburgo buscando
un lugar donde establecerse como pastor de la iglesia o como
simple artesano, y poder dar así término a su traducción.
El primer contrato para la edición de 1100 ejemplares de
la Biblia, fue firmado en el verano de 1567 con el famoso
editor Oporino. Por desgracia para Casiodoro, en el mes de
julio 1568 y antes de poder dar comienzo a la impresión de
la Biblia, Oporino murió, ocasionando un retraso en la impresión.
Casiodoro procuró obtener de los ministros ginebrinos el “placet”,
necesario para lograr el deseado puesto de pastor en una de
las iglesias reformadas, no pensando en ningún momento, poner
su traducción en manos de los calvinistas y menos de hacerla
imprimir en Ginebra. En el verano de 1568 la Suprema ordenó
a los inquisidores de los puertos de la península, estar vigilantes
sobre los libros que entran, pues “Casiodoro ha impreso en
Ginebra la Biblia en lengua española”, difícilmente podían
entrar, pues aún no se había comenzado a imprimir.. Marcos
Pérez, presta a Casiodoro, a fondo perdido, la suma de 300
florines (equivalente al sueldo de tres años de un profesor
de Universidad) que sirvieron para cerrar un nuevo contrato
con el impresor Thomas Guarin, quien imprimió en sus talleres
2600 ejemplares de la “Biblia in Hispanicam linguam traducta”,
terminada el 24 de junio 1569, día en que Casiodoro notificó
a un amigo la entrega inmediata del último cuaderno: ‘postremum
folium totius texti biblici tam Veteris quam Novi Testamenti’.
Sobre las fuentes utilizadas por Casiodoro para la traducción
de su Biblia, nos informa él mismo en su “Amonestación al
lector”: Además de las fuentes originales hebrea y griega,
también la versión de Sanctes Pagnini y la doble edición judeo-española
de Ferrara 1553. Para las partes griegas del Antiguo Testamento,
Casiodoro parece haber seguido sobre todo la Biblia latina
de Zürich y en parte la de Castellion, de quien tomó no sólo
el término “Jehová en lugar del comúnmente usado Señor”, sino
también el modo de indicación de los textos añadidos de la
Vulgata. Ambas Biblias “herejes” vienen naturalmente silenciadas
por Casiodoro, así como las versiones castellanas igualmente
utilizadas (Enzinas, Juan Pérez y Juan de Valdés), pues todas
figuraban ya en el Índice de libros prohibidos de Roma y de
España. Y siendo precisamente la divulgación de la Biblia
en España su mayor interés, Casiodoro intentó prevenir la
ineludible prohibición inmediata, haciendo pasar su Biblia
como obra católica y respetando el orden de los libros bíblicos
según la Vulgata, cuyo Canon había sido recientemente confirmado
por el concilio de Trento. Al llegar al Apocalipsis, en junio
de 1567, la labor del impresor había casi ya alcanzado a la
del intérprete y a Casiodoro no quedó otro remedio, que servirse
a manos llenas del correspondiente texto de Enzinas, contentándose
meramente con una rápida revisión. Después de la publicación
de la Biblia, en septiembre 1569, en la que, por razones obvias
de cautela para su difusión en tierras católicas, no se mencionaban
ni el nombre del traductor ni el lugar de impresión, los enemigos
de Casiodoro, no levantaron la guardia. Apenas un año y medio
más tarde, el Consejo Supremo de la Inquisición se había enterado
ya de que “la Biblia en romance” se había impreso en Basilea
y ordenó la recogida de todos los ejemplares que se descubrieran.
En Amberes se cambiaron las portadas de muchos ejemplares
por el frontispicio del célebre Diccionario de Ambrogio Calepino
a fin de poderlos mejor difundir en España. Esta estratagema
no funcionó siempre, y dio lugar a un nuevo avisó a los tribunales:
“Biblias en español, cuviertas de ojas del Calepino, se prohiven”.
Cipriano de Valera no llevaba del todo razón al escribir en
el prólogo de su Biblia de 1602 que “los dos mil y seyscientos
exemplares [de la traslación de Cassiodoro de Reyna] por la
misericordia de Dios se han repartido por muchas regiones.
De tal manera que hoy casi no se hallan exemplares, si alguno
los quiere comprar”. En realidad, lo que Valera con su nueva
edición pretendía, no era sólo suplir la falta de ejemplares,
reimprimiendo la “translación” de su antiguo maestro Casiodoro.
Su verdadero intento, era acabar de una vez por todas con
el hecho, vergonzoso en los ojos de algunos estrechos calvinistas
españoles, de tener que servirse de una Biblia, que tanto
en el orden de los libros como en las anotaciones teológicas
marginales, no correspondía exactamente a las Biblias oficiales
de Ginebra. Verdad es, que al salir la Biblia de Casiodoro,
los pastores de Ginebra la examinaron minuciosamente, y no
obstante “la siniestra opinione” que dicen seguir teniendo
de Casiodoro, no encontraron absolutamente nada que reprochar
a la edición, sino un insignificante error tipográfico en
Génesis I 27 (macho hembra los crió). También Casiodoro se
dio pronto cuenta del gazapo, haciendo imprimir una pegatina
con las palabras “y hembra” que el mismo insertó en la correspondiente
línea de un gran número de ejemplares. De las verdaderas “herejías”
exegéticas, que Casiodoro introdujo ingeniosamente en los
epígrafes de muchos capítulos de su Biblia, ni se enteraron
los pastores de Ginebra ni tampoco Cipriano de Valera, pues
los dejó intactos en su revisión. Valera se puso hacia 1580
en Londres a revisar la Biblia de Casiodoro, quien por entonces
le era doblemente sospechoso: por sus servetismos pasados
(la expresión es de Théodore de Bèze) y por su oficio presente
de pastor de la iglesia luterana. Pero para evitar la acusación
de comportarse como un plagiario, Valera esperó hasta la muerte
de Casiodoro, para publicar en Londres en 1596 una edición
propia del Nuevo Testamento.
La Biblia de Valera, se basa en la Biblia del Oso, cuya traducción
es exclusivamente de Casiodoro de Reina: o sea, de un protestante
independiente y abierto, quien, de haberse hecho realidad
los deseos de Valera y de sus amigos calvinistas, nunca hubiera
podido llevar a buen término una traducción de la Biblia en
español.
Menéndez y Pelayo escribe en su célebre Historia de los Heterodoxos
Españoles: «Los trabajos bíblicos, considerados como instrumento
de propaganda, han sido en todo tiempo ocupación predilecta
de las sectas protestantes. No los desdeñaron nuestros reformistas
del siglo XVI: Juan de Valdés puso en hermoso castellano los
Salmos y parte de las Epístolas de San Pablo; Francisco de
Enzinas, no menor helenista, vertió del original todo el Nuevo
Testamento; Juan Pérez aprovechó y corrigió todos estos trabajos.
Faltaba una versión completa de las Escrituras, que pudiera
sustituir con ventaja a la de los judíos de Ferrara, única
que corría impresa, y que por lo sobrado literal y lo demasiado
añejo del estilo, lleno de hebraísmos intolerables, ni era
popular, ni servía para lectores cristianos del siglo XVI.
Uno de los protestantes fugitivos de Sevilla se movió a reparar
esta falta; emprendió y llevó a cabo, no sin acierto, una
traducción de la Biblia y logró introducir en España ejemplares
a pesar de las severas prohibiciones del Santo Oficio. Esta
Biblia, corregida y enmendada después por Cipriano de Valera,
es la misma que hoy difunden, en fabulosa cantidad de ejemplares,
las Sociedades Bíblicas de Londres por todos los países donde
se habla la lengua castellana. El escritor a quien debió nuestro
idioma igual servicio que el italiano a Diodati era un morisco
granadino(¿?) llamado Casiodoro de Reina».
Fuentes:- Carlos Gilly, en CER. Enciclopedia. -Diccionario
Enciclopédico UTEHA. Enciclopedia Salvat. -Enciclopedia del
Protestantismo Español.- Historia de los Heterodoxos Españoles,
de Marcelino Menéndez Pelayo.
Redactado por Miguel Ángel Pascual Ariste. Diciembre de 2004.

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