Christianismi Restitutio. 1553
Contexto
Miguel Servet de nuevo se sintió obligado a publicar
sus puntos de vista porque un pasaje de las Escrituras le
había convencido de que el reino del anticristo (el
papado) llegaría a su fin en 1585. Tenía la
firme convicción de que él era el Miguel al
que se le profetizaba que sometería al gran dragón.
Un amigo impresor de Basilea al que ofreció el manuscrito,
no se atrevió a imprimirlo. Finalmente, tras muchas
dificultades y habiendo desembolsado mucho dinero, se imprimió
secretamente en una casa vacía de Vienne sin mencionar
el lugar, el impresor ni su autor. No obstante, Miguel Servet
no pudo resistir la tentación de incluir sus propias
iniciales al final e insertar su nombre en diversas partes
del texto. Esta obra se tituló Christianismi Restitutio.
Cerca de la mitad del libro, consistía en un reaprovechamiento
del contenido de dos textos escritos anteriormente por Miguel
Servet acerca de la Trinidad. Sólo había añadido
sus treinta cartas a Calvino y un discurso dirigido a Melanchthon,
conformando en total un libro de casi 700 páginas.
Se centraba en su opinión sobre la necesidad de una
reforma del cristianismo más rigurosa y completa que
la emprendida por los protestantes. Aunque su línea
de pensamiento estaba más desarrollada, fundamentalmente
no difería de otras obras anteriores. Aun así,
era más violenta que antes y, mientras se dirigía
más o menos por igual a los católicos y a los
protestantes, se mostraba especialmente duro hacia los reformadores
y criticaba severamente la doctrina tradicional de la Trinidad
con todas las armas proporcionadas por la razón, la
historia o las Escrituras. Es en este libro donde Miguel Servet
describió la circulación de la sangre, proceso
que se menciona en la sección "pasajes de la obra".
Las creencias
teológicas de Miguel Servet según Peter Hughes
Pasajes de la obra
El texto que sigue forma parte de los postulados de Miguel
Servet sobre la circulación de la sangre. Se le atribuye
haber sido el primero en publicar este descubrimiento. Aparece
en su último libro, Christianismi Restitutio:
“No sólo por tales obsequios sino también
por aquel que nos sopla el aliento del espíritu divino,
se dice que Dios nos da su espíritu (Génesis
2 y 6). Nuestra alma es como la antorcha de Dios (Proverbios
20). Es como una llama del espíritu de Dios, un reflejo
de la sabiduría de Dios, creados a semejanza de esa
sabiduría espiritual, incorporados en ella, conservando
la luz innata de la divinidad, la llama de esa sabiduría
excepcional y el propio espíritu de la divinidad. Dios
mismo declara en el capítulo 6, que el espíritu
de la divinidad era innato en el hombre incluso antes del
pecado de Adán. Nuestra vida se nos otorga y se nos
salvaguarda a través de la bendición de su aliento,
como Job dice en el cap. 10, 32 y siguientes. Dios introdujo
el aliento del espíritu divino en las narices de Adán
con un soplo de aire, por eso perdura (Isaías 2 y Salmos
103). Dios mismo nos mantiene el soplo de vida con su espíritu,
dando aliento a esos seres que habitan la tierra y espíritu
a esos que la pisan, por eso vivimos, nos movemos y existimos
en Él (Isaías 42 y Hechos 17). Viento de los
cuatro vientos y aliento de los cuatro alientos unidos por
Dios que resucitan a los muertos (Ezequiel 37). A partir de
un soplo de aire, Dios concede el espíritu divino a
hombres en los cuales la vida del aire inspirado ya era innata.
De ahí que en hebreo "espíritu" se
represente de igual forma que "aliento". A partir
del aire, Dios otorga el espíritu divino, introduciendo
el aire junto con el espíritu mismo y la llama de la
propia divinidad que llena el aire. Como cita Aristóteles
en sus libros De anima, la idea de Orfeo de que el espíritu
divino es transportado por los vientos y entra con una inspiración
plena es cierta. Las enseñanzas de Ezequiel nos dicen
que el espíritu divino contiene una especie de sustancia
elemental y, como Dios mismo enseña, se trata de algo
presente en la sustancia de la sangre. Explicaré este
asunto detenidamente para que puedan así comprender
que la sustancia del espíritu creado de Cristo está
fundamentalmente unida a la propia sustancia del espíritu
santo. Me referiré al aire como espíritu porque
en lenguaje sagrado no existe un nombre específico
para designar al aire. Es más, este hecho indica que
el aliento divino está presente en el aire que el espíritu
del Señor llena.
Para que usted, lector, pueda disponer de la doctrina
completa del espíritu divino y del espíritu,
añadiré aquí la explicación de
la filosofía divina que fácilmente comprenderá
si tiene conocimientos de anatomía. Se dice que existe
en nosotros un triple espíritu formado por tres elementos
superiores; el natural, el vital y el animal. Afrodiseo les
describe como tres espíritus. Sin embargo, no son tres
sino un único espíritu (spiritus). El espíritu
vital es el que se comunica a través de la anastomosis
desde las arterias hasta las venas, donde pasa a denominarse
espíritu natural. Por lo tanto, el primero, el espíritu
natural, es el de la sangre, y se encuentra en el hígado
y en las venas del cuerpo. El segundo es el espíritu
vital, el cual se halla en el corazón y en las arterias
del cuerpo. El tercero es el espíritu animal, una especie
de rayo de luz, y está en el cerebro y en los nervios
del cuerpo. En todos ellos reside la energía de un
único espíritu y la luz de Dios. La formación
del hombre en la matriz demuestra que el espíritu vital
se comunica desde el corazón hasta el hígado.
Pues una arteria unida a una vena se comunica a través
del ombligo del feto, y de igual manera, poco después,
la arteria y la vena se unen para siempre en nosotros. El
espíritu divino de Adán fue inspirado de Dios
hasta el corazón antes de llegar al hígado,
y desde allí ya fue transmitido hasta el hígado.
El espíritu divino entró realmente por la boca
y la nariz, pero la inspiración se extendió
hasta el corazón. El corazón es el principal
órgano viviente, la fuente de calor que se halla en
medio del cuerpo. Toma del hígado el líquido
de la vida, una especie de sustancia, y a cambio le da vida,
de forma que el agua líquida proporciona sustancias
para elementos superiores y a través de éstos
y de la luz, se le vivifica para que, a cambio, pueda coger
fuerza. El material del espíritu divino surge de la
sangre del hígado a partir de un proceso sorprendente
que ahora pasaré a detallar. De ahí que se diga
que el espíritu divino está en la sangre y que
él mismo es la sangre o el espíritu sanguíneo.
No quiero decir que el espíritu divino se encuentre
principalmente en las paredes del corazón, del cerebro
o del hígado sino que reside en la sangre, como Dios
mismo dice en Génesis 9, Levítico 7 y Deuteronomio
12.
Sobre este tema debe primero entenderse la importante
creación del espíritu vital, compuesto de una
sangre ligera alimentada por el aire inspirado. El espíritu
vital tiene su propio origen en el ventrículo izquierdo
del corazón, y los pulmones tienen un papel importante
en su desarrollo. Se trata de un espíritu enrarecido,
producido por la fuerza del calor, de color amarillo rojizo
(flavo) y de potencia igual a la del fuego. De manera que
es una especie de vapor de sangre muy pura que contiene en
sí mismo las sustancias del agua, aire y fuego. Se
genera en los pulmones a partir de una mezcla de aire inspirado
con la sangre elaborada y ligera que el ventrículo
derecho del corazón comunica con el izquierdo. Sin
embargo, esta comunicación no se realiza a través
de la pared central del corazón, como comúnmente
se cree, sino que, a través de un sistema muy ingenioso,
la sangre fluye durante un largo recorrido a través
de los pulmones. Elaborada por los pulmones, adquiere el tono
amarillo rojizo y se vierte desde la arteria pulmonar hasta
la vena pulmonar. Entonces, una vez en la vena pulmonar, se
mezcla con aire inspirado y a través de la expiración
se libera de sus impurezas. Así, completamente mezclada
y preparada correctamente para la producción del espíritu
vital, es impulsada desde el ventrículo izquierdo del
corazón por medio de la diástole.
Sabemos que esta comunicación se establece así
a través de los pulmones por las distintas combinaciones
y la conexión de la arteria pulmonar con la vena pulmonar
en la cavidad pulmonar. El tamaño considerable de la
arteria pulmonar lo corrobora, pues no sería de ese
tamaño ni emitiría tal fuerza de sangre pura
desde el corazón hasta los pulmones sólo para
proporcionar el alimento de éstos. Tampoco el corazón
daría este servicio a los pulmones, pues, como decía
Galeno, durante los primeros meses del embarazo, en el embrión,
los pulmones reciben el alimento de otra parte ya que esas
pequeñas membranas o válvulas del corazón
no se abren hasta el momento del parto. Por lo tanto, el hecho
de que la sangre mane de forma tan abundante desde el corazón
hasta los pulmones en el mismo momento del nacimiento tiene
otro propósito. De igual modo, se envía aire
mezclado con sangre, no simplemente aire, desde los pulmones
hasta el corazón a través de la vena pulmonar,
por lo que la mezcla se produce en los pulmones. Esta sangre
espirituosa se torna de color amarillo rojizo en los pulmones,
no en el corazón.
No hay suficiente espacio en el ventrículo izquierdo
del corazón para tal grande y abundante mezcla ni para
que allí se le imprima el color amarillo rojizo. Además,
esa pared central no es apta para llevar a cabo este proceso
de comunicación y elaboración, pues carece de
vasos y otros mecanismos que lo permitan, aunque quizás
algo podría traspasarla. Al igual que en el hígado
se produce una transfusión de sangre de la vena porta
a la vena cava, en el pulmón se realiza una transfusión
de sangre del espíritu de la arteria pulmonar a la
vena pulmonar. Si alguien compara estos procesos con aquellos
que Galeno describió en los libros VI y VII de De usu
partium, se dará perfectamente cuenta de una verdad
que le era desconocida a Galeno.
De esta forma, el espíritu vital es inyectado del
ventrículo izquierdo del corazón a las arterias
de todo el cuerpo y, para estar más enrarecido, busca
las regiones más elevadas donde se encuentre más
elaborado, especialmente en el plexo retiforme ubicado en
la parte inferior de la base del cerebro. Y así, aproximándose
a la región del alma racional, el espíritu animal
empieza a formarse a partir del espíritu vital. De
nuevo por la poderosa fuerza de la mente, se enrarece más,
se elabora y se completa en los finos vasos llamados arterias
capilares que están situados en los plexos coroideos
y que contienen a la propia mente. Estos plexos penetran en
todas las partes más recónditas del cerebro,
rodeando internamente los ventrículos del cerebro,
y estos vasos, envueltos y entrelazados entre sí hasta
el principio de los nervios, sirven para introducir en estos
últimos la facultad sensitiva y la de movimiento. Esos
vasos están entrelazados con gran precisión,
y aunque se les llamen arterias, en realidad son los extremos
de las arterias que se extienden con la ayuda de las meninges
hasta el principio de los nervios. Se trata de un nuevo tipo
de vasos. Al igual que en el proceso de la transfusión
de sangre de las venas a las arterias, en la transfusión
de las arterias a los nervios existe un nuevo tipo de vasos
de la membrana arterial en la meninge, ya que son especialmente
las meninges las que conservan las membranas de los nervios.
La sensibilidad de los nervios no radica en su parte blanda,
como ocurre en el cerebro. Todos los nervios terminan en unos
filamentos membranosos que poseen una extraordinaria sensibilidad
y a los que, por este motivo, siempre llega el espíritu.
Y, a modo de fuente, desde esos pequeños vasos de las
meninges, o plexos coroideos, el espíritu animal fluye
como un rayo a través de los nervios para llegar a
los ojos y otros órganos sensoriales. Siguiendo la
misma ruta a la inversa, se envían a esa misma fuente,
unas imágenes claras de elementos que van produciendo
sensaciones, penetrando por el interior a través del
medio transparente, es decir, el espíritu.
A partir de todo esto, queda suficientemente claro que
el alma racional no se aloja en esa masa blanda del cerebro,
pues ésta es una zona fría y sin sensaciones.
Sin embargo, esta zona, que está fría para poder
atenuar el calor abrasador que contienen los vasos, actúa
como una almohada de los vasos anteriormente mencionados para
evitar que se rompan y como un guardián del espíritu
animal para que éste no se disperse en el aire cuando
se comunique con los nervios. Por lo tanto, también
se observa que los nervios conforman la capa de la membrana
de la cavidad interna, siendo así unos fieles guardianes
del espíritu reteniéndole desde la meninge más
blanda así como retienen otro desde la más fibrosa.
Esas áreas vacías de los ventrículos
del cerebro que desconciertan a filósofos y médicos,
no contienen otra cosa que el espíritu. Los ventrículos
se crearon en primer lugar como una cloaca que recibe las
impurezas provenientes del cerebro para poder analizar los
excrementos a partir de los cuales se originan unos deflujos
malsanos y para facilitar un camino hacia el paladar y la
nariz. Cuando los ventrículos están completamente
llenos de la pituita en la que las propias arterias o los
plexos coroideos están sumergidos, entonces, inesperadamente
se produce una apoplejía. Si un humor muy tóxico
obstruye una región, y su vapor infecta el cerebro,
se produce la epilepsia. Ocasionará otras enfermedades
según la parte del cuerpo en la que se instale una
vez haya sido expulsado. Por consiguiente, podemos confirmar
que es la mente la que claramente está aquejada de
enfermedades. Debido al desmesurado calor de esos vasos o
a la inflamación de las meninges, se produce un claro
estado de delirio e histeria. A partir de las enfermedades
que se producen según su ubicación o sustancia,
a causa de la fuerza del calor y de la ingeniosa construcción
de los vasos que lo contienen, y a partir de las acciones
de la mente presentes en ella, podemos concluir que debemos
considerar detenidamente a esos pequeños vasos, pues
todo el resto de elementos y los nervios sensitivos están
ligados a ellos para que puedan recibir toda su fuerza. Por
último, podemos apreciar que el intelecto se ejercita
en esa zona cuando, a raíz del pensamiento que en ella
se concentra, esas arterias laten hasta las sienes. El que
no haya comprobado todo esto, difícilmente lo comprenderá.
Los ventrículos se crearon en segundo lugar para que
una parte del aire inspirado que penetra a través de
los huesos etmoidales hasta los espacios vacíos pueda,
atraído por la diástole de los vasos del espíritu,
refrescar y ventilar el espíritu animal que contiene
dentro y el alma. En estos vasos, la mente, el alma y el ardiente
espíritu requieren una ventilación constante,
de lo contrario, como si se tratara de un fuego eterno que
se hubiera tapado, se produciría la asfixia. Como en
el caso de un fuego común, no sólo se requiere
ventilación y soplidos constantes para que pueda coger
combustible del aire, sino también para que pueda liberar
sus vapores impuros en ese aire. Y de este modo, el fuego
externo común se une a un grueso cuerpo terrenal debido
a una sequedad común y a una forma de luz común,
para conseguir el líquido del cuerpo a medida que su
alimento es soplado, sustentado y nutrido por el aire. Así,
ese espíritu ardiente y nuestra alma están ligados
al cuerpo de igual manera, teniendo a la sangre como alimento.
Es soplado, sustentado y alimentado por el espíritu
aéreo a través de la inspiración y la
expiración para que se produzca una doble alimentación,
espiritual y corpórea.”
Ediciones
Christianismi restitutio. Totius ecclesiae apostolicae
est ad sua limina vocatio, in integrum restituta cognitione
Dei, fidei Christi, iustificationis nostrae, regenerationis
baptismi, et coenae domini manducationis. Restitutio denique
nobis regno coelesti, Babylonis impiae captivitate soluta,
et Antichristo cum suis penitus destructo. M.D. LIII. 734
pp. 8°. Acaba con las iniciales M.S.V.
Existe una reimpresión de un fragmento de Christianismi
restitutio hecha por Giorgio Biandrata, un médico italiano
que se licenció en Montpellier (donde fue compañero
de Rabelais) y llegó a ser médico personal de
la esposa italiana del rey Segismundo de Polonia. Más
adelante, regresó a Italia y fue obligado a abandonar
el país en 1553 por sus convicciones religiosas. Volvió
a Polonia y a Transilvania. De Regno Christi Liber primus.
De Regno Antichristi Liber secundus. Accessit tractatus
de Paedobaptismo, et circuncisione. Rerum capita sequens pagella
demonstrabit. (Ju 15, 14. Vos amici mei estis, si feceris
quaecunq ego praecipio vobis). Albae Juliae. Anno Domini 1569.
Traducciones
Polaco: Gregorius Paulus (Grzegorz Pawel), quien tradujo
algunos capítulos al polaco y los publicó en
Pinczów ya en ¡1568! Okazanie Antychrysta
y iego Królestwa ze znaków iego wlasnych w slowie
bozym opisanych, których tu szescdziesiat. [La llegada
del anticristo y su reino según los signos descritos
en la Palabra de Dios, los cuales son sesenta].
Alemán: Bernhard Spiess, Wiederherstellung des
Christentums, Wiesbaden. Verlag von Chr. Limbarth. 1892,
1895, 1896, 3 volúmenes
Español: se realizó en dos libros separados:
uno contenía el Christianismi restitutio y el
segundo, el resto del libro sobre Miguel Servet, Miguel Servet,
Restitución del Cristianismo. Primera traducción
castellana de Ángel Alcalá y Luis Betés.
Edición, introducción y notas de Ángel
Alcalá (Madrid: Fundación Universitaria Española,
1980). Miguel Servet, Treinta cartas a Calvino. Sesenta
signos del Antichristo. Apología de Melanchton.
Edición de Ángel Alcalá (Madrid: Editorial<O:
P</O: P Castalia, 1981)<
Portugués: Fragmentos de Christianismi restitutio
(De mysterio Trinitatis, et veterum disciplina, ad Philippum
Melanchthonem, et eius colegas, apologia) Aplogia a Felipe
Melanchthon e a suas colegas sobre o mistério de Trinidade
e sobre os costumes antigos, como parte de la tesis doctoral
de Elaine Cristine Sartorelli, O Programa de Miguel Servet
para a Restitução do Cristianismo; Teologia
e Retorica na Apologia a Melanchthon, presentada en la
Universidad de São Paulo, Facultad de Filosofía,
Letras y Ciencias Humanas (São Paulo, 2000).

|