Introducción
No existe una gran cantidad de imágenes y monumentos
dedicados a la figura de Miguel Servet. Otros personajes históricos
menos populares y, probablemente, con menos mérito
que Miguel Servet, han sido representados en mayor grado.
La escasez de imágenes de Miguel Servet se entiende
si se tienen en cuenta su doctrina y personalidad tan peculiares.
De hecho, Miguel Servet fue un heterodoxo condenado por católicos
y protestantes, que no recibió el apoyo de ninguno
de los acólitos de ambas iglesias. Los únicos
que mostraron interés, perpetuando su efigie y epigonos,
fueron los miembros del no muy numeroso movimiento unitario
y rara avis de libre pensadores que surgieron durante el siglo
XIX.
Cualquier iniciativa para ensalzar o perpetuar la memoria
de Miguel Servet topaba inmediatamente con la oposición
de sus adversarios. Un claro ejemplo de ello sería
la historia que hay detrás de su monumento en Ginebra
(1903). Otro ejemplo lo encontramos en la conmemoración
internacional del cuatrocientos aniversario de su muerte en
1953, en la cual no se publicó ninguna obra sobre su
persona en su país natal, España.
Esta situación actualmente está cambiando y
cada vez hay más personas capaces de valorar la importancia
de Miguel Servet y su contribución a nuestra historia
como humanista, ejemplo de la integridad y portador de la
libertad de pensamiento por encima de las convicciones religiosas
que cada uno pueda tener.

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