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La astrología todavía gozaba de buena reputación
y los límites entre ella y la meteorología no
se habían definido claramente. Teólogos como
Melanchthon creían en ella y la practicaban, y reyes
y príncipes disponían de astrólogos en
la corte a los que consultaban antes de tomar decisiones importantes.
En sus discursos y en un panfleto publicado sobre el tema,
Miguel Servet hizo comentarios irreverentes sobre los especialistas
médicos de la época, tildándoles de ignorantes
por no hacer caso de este tema importante y refiriéndose
a ellos como una plaga para la humanidad. Sus colegas de la
facultad enfurecieron y le arrastraron ante el Inquisidor
por herejía. Como fue absuelto de este cargo, le procesaron
ante la Corte Suprema por propugnar la práctica de
la adivinación, que estaba prohibida bajo pena de muerte
en la hoguera. La Corte ordenó a Miguel Servet que
retirara de la circulación su panfleto, que mostrara
más respeto por sus colegas y que dejara de dar discursos
sobre el tema. En este momento, consideró que ya había
disfrutado de suficiente vida académica y decidió
irse de París para empezar a ejercer la práctica
de la medicina.
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