La acusación presentada por Nicolás de la
Fontaine
en contra de Miguel Servet el 14 de agosto de 1553
Ver Period of the later reformation (La época de la
última Reforma) en Translations and Reprints from the
original Sources of European History (Traducciones y reimpresiones
de obras originales de la historia europea), Ed. Merrick Whitcomb,
6 vols., (Filadelfia: Departamento de Historia de la Universidad
de Pennsylvania, 1898-1912), vol. 3, nº 3, págs.Escaneado
por Mike Anderson, enero de 1998.Comentario de Whitcomb: Entre
las posibles razones que impidieron que Calvino se personara
en contra de Miguel Servet, había una que puede bastar
por sí misma. Las leyes que regulaban los actos criminales
en Ginebra exigían que, en algunos casos de gravedad,
también el querellante fuese encarcelado en espera
del juicio. La delicada salud de Calvino y la constante dedicación
de éste a la administración del Estado hacían
que una larga ausencia suya de la vida pública de Ginebra
fuera impensable. No obstante, Calvino debe ser recordado
como el autor de la acusación formal y en cuanto a
ello y a la posterior quema de Miguel Servet, su enfoque contó
con la aprobación de los teólogos más
cultivados de la época. La idea de que distintos puntos
de vista sobre la religión pudieran coexistir en la
misma zona de influencia política no tenía cabida
en el siglo XVI. La Paz de Augsburgo y el Edicto de Nantes
son una prueba de ello. Sin embargo, en la medida que un concepto
más abierto empezaba a aparecer, sus inicios no deben
buscarse en las mentes de aquellos que avivaban sus prejuicios
con intensas disputas doctrinales. Incluso cuando un atisbo
de la solución moderna aparece, como en las declaraciones
públicas del canciller L'Hopital, su expresión
no parece suscitar una respuesta favorable.Proceso del 14
de agosto de 1553, ante el Consejo menor de Ginebra. Calvino
: Obra. Vol. XIII, págs.727-731. Francés. Nicolás
de la Fontaine afirma que ha presentado una acusación
en contra de Miguel Servet. Por esta razón ha aceptado
ser encarcelado como parte del proceso criminal.
| I. |
En primer lugar que hace unos veinticuatro años,
el acusado empezó a importunar a las iglesias
alemanas con sus errores y herejías. Fue condenado
y huyó para librarse del castigo que se le había
impuesto. |
| II. |
Que durante ese tiempo había impreso
un libro despreciable que contaminó a mucha gente.
|
| III. |
Que desde entonces, no ha cejado en su empeño
de esparcir su veneno, a través de su interpretación
de la Biblia y de ciertas anotaciones que ha hecho sobre
Ptolomeo. |
| IV. |
Que desde ese tiempo ha impreso en secreto otro
libro que contiene infinitas blasfemias. |
| V. |
Que mientras estaba encarcelado en Vienne, cuando
se dio cuenta de que le perdonarían si se retractaba,
encontró la forma de escaparse de la cárcel.
|
| VI. |
El citado Nicolás solicita que el citado
Miguel Servet sea interrogado sobre estos temas. |
| VII. |
Y ya que es capaz de eludir el interrogatorio
argumentando que sus blasfemias y herejías no
son nada más que buena doctrina, el citado Nicolás
propone unos artículos sobre los que solicita
se interrogue al citado hereje. |
| VIII. |
A saber, si no ha escrito, ha enseñado
y publicado con falsedad que para creer en una sola
persona de Dios existen tres identidades distintas,
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, lo cual
supone crear cuatro fantasmas, cosa que no puede ni
debe imaginarse. |
| IX. |
Que hacer tales distinciones en la persona de
Dios significa que Dios está dividido en tres
partes, y que sería un demonio de tres cabezas,
como Cerbero, a quien los antiguos poetas habían
llamado el perro del infierno, un monstruo, y calificativos
igual de perjudiciales. |
| X. |
Si no ha sostenido tales blasfemias y muchas
otras en contra de doctores de la antigüedad como
San Ambrosio, San Agustín, Crisóstomo,
Atanasio así como en contra de todos aquellos
que han buscado elevar el cristianismo, llamando incluso
a Melancthon hombre sin fe, hijo del diablo, de Belia
y de Satanás. |
| XI. |
Si no predica que nuestro Señor Jesucristo
no es el Hijo de Dios, excepto por el hecho de que fue
concebido por el Espíritu Santo en el vientre
de la Virgen María. |
| XII. |
Que aquellos que creen que Jesucristo es la
Palabra del Señor, engendrado para la eternidad,
tienen una visión de la salvación descabellada
y propia de la brujería. |
| XIII. |
Que Jesucristo es Dios por cuanto que Dios ha
querido que lo sea. |
| XIV. |
Que el cuerpo de Jesucristo bajó del
cielo a partir de la naturaleza de Dios. |
| XV. |
Que la divinidad sólo le fue conferida
a Jesucristo cuando se hizo hombre, y más tarde
fue comunicada a los apóstoles a través
del espíritu el día de Pentecostés.
|
| XVI. |
Que cuando se dice que Jesucristo es de la misma
naturaleza que su Padre, es lo mismo que decir que en
este hombre Jesucristo existe la misma Trinidad, poder
y conocimientos de Dios, y no que la palabra de Dios
habita y subsiste en su naturaleza.
|
| XVII. |
Si no condena a esos que buscan en la naturaleza
de Dios a su Espíritu Santo, diciendo que todos
aquellos que creen en la Trinidad son unos ateos. |
| XVIII. |
Que aquellos que creen que cualquier distinción
de entidades en la naturaleza de Dios disipa Su naturaleza
y la reduce a trozos. |
| XIX. |
Que la Palabra de Dios no es otra cosa que el
cuerpo de Jesucristo. |
| XX. |
Que el cuerpo de Jesucristo fue engendrado a
partir de la naturaleza de Dios con un concepto que
él denomina "seminal." |
| XXI. |
Que la naturaleza del cuerpo y el alma de Jesucristo
son la divinidad de esta palabra y del aliento que Dios
ha soplado.
|
| XXII. |
Que si Jesucristo fuera el Hijo de Dios de otra
forma a la humana, porque está engendrado a partir
de la naturaleza de Dios, entonces no podría
estar realmente muerto. Pues si lo estuviera, dejaría
de ser el Hijo de Dios. |
| XXIII. |
Que cuando San Juan dice que la Palabra estaba
en Dios, es lo mismo que decir que Jesucristo como hombre
estaba presente. |
| XXV. |
Que la naturaleza de Jesucristo es la que estaba
en los cielos y que esta es la misma naturaleza de dónde
proceden los ángeles y nuestras almas. |
| XXVI. |
En vez de conferirle tres personas a la naturaleza
de Dios, o bien tres hipóstasis cada una con
su entidad, él opina que Dios es un único
ente que contiene cientos de miles de naturalezas. Así
que Él es un fragmento de nosotros y nosotros
somos un fragmento de Su espíritu. |
| XXVII. |
Con la consecuencia de que no sólo los
modelos de todas las criaturas están en Dios,
sino que también todas las formas materiales.
De esta forma, nuestras almas están hechas de
la semilla esencial de la palabra de Dios. |
| XXVIII. |
Que Jesucristo es el Hijo de Dios porque contiene
los elementos de la naturaleza del Padre, a saber: fuego,
aire y agua. |
| XXIX. |
Que el alma del hombre es mortal, y que lo único
que es inmortal es un aliento básico, la naturaleza
que Jesucristo ahora posee en el cielo y que es también
la naturaleza elemental, divina e incorruptible del
Espíritu Santo. |
| XXX. |
Que los Padres de Ley nunca han recibido el don
de la regeneración. |
| XXXI. |
Que a partir del pecado de Adán, el alma
y el cuerpo del hombre se hicieron mortales. |
| XXXII. |
Que los niños no llevan el pecado y,
además, no pueden salvarse hasta que hayan crecido.
|
| XXXIII. |
Que no cometen pecados mortales hasta la edad
de veinte años. |
| XXXIV. |
Que el bautismo de las criaturas es una invención
del diablo, una falsedad diabólica que destruirá
todo el cristianismo. |
| XXXV. |
Que la palabra de Dios no perdura más
que antes de la encarnación de Jesucristo porque
su naturaleza era la luz de los cielos convertida ahora
en carne.
|
| XXXVI. |
Que aunque él confiese que los filósofos
se han equivocado al decir que la Palabra es Dios mismo,
opina que Jesucristo, puesto que es un hombre, siempre
estuvo en Dios y que a partir de Él existe la
divinidad del mundo. |
| XXXVII. |
Que el aire es el Espíritu de Dios y
que Dios es el Espíritu porque Él da el
soplo de la vida a todas las cosas a través de
Su aliento. |
| XXXVIII. |
Que el alma del hombre, puesto que posee muchas
propiedades divinas, está llena de una infinidad
de Dioses. |
| XXXIX. |
Que en nombre de Mons. Calvino, ministro de
la Palabra de Dios en la Iglesia de Ginebra, ha difamado
con un libro impreso la doctrina que predicaba, propagando
todo lo blasfemo e injurioso que puede inventarse. |
| XL. |
Y porque sabe bien que su citado
libro no podría tolerarse incluso entre los papistas,
puesto que echó por tierra todos los cimientos
del Cristianismo, se escondió en casa de Guillermo
Guerou durante su época de corrector de pruebas,
tal como el citado Guerou ha testificado. |
El citado Nicolás solicita que el citado Miguel Servet
sea obligado a responder cada uno de los artículos
aquí presentados, sin cuestionarse si la doctrina es
verdadera o no, ya que tendrá ocasión de ello
más adelante. En los artículos del procurador
general pueden leerse varios cargos que no fueron incorporados
a la querella de Nicolás de la Fontaine. Aquí
pueden verse algunos de ellos:
Asunto: Si ha contraído matrimonio. En caso negativo,
por qué motivos, teniendo en cuenta su edad, podría
haberse abstenido de ello durante tanto tiempo.
Asunto: Si no sabía que su doctrina era perniciosa,
dado que apoya a los judíos y los turcos excusándoles
de sus culpas. Y si no ha estudiado El Corán para desaprobar
y contradecir la doctrina y la religión que sustentan
las iglesias cristianas, así como otros libros profanos,
de los cuales debería abstenerse en temas de religión,
según la doctrina de San Pablo.
Asunto: Si el citado libro de El Corán no es un libro
malvado, lleno de blasfemias.
Notas a pie de página:
[1] Nicolás de la Fontaine era un refugiado de Ginebra
que entró al servicio de Calvino como secretario.
[2] Originalmente se concibieron cuarenta artículos
pero antes de la presentación se redujeron a treinta
y ocho. Las dos series de números, romanos y arábigos,
se han conservado en el documento
original.
[3] Es imposible corroborar esta acusación excepto
en la medida en que podría justificarse por la publicación
de un libro: De Trinitatis Erroribus, 1531.
[4] Dialogorum de Trinitate, 1532.
[5] Christianismi Restitutio, 1533.
[6] Miguel Servet, durante el tercer interrogatorio, replica
argumentado que él no aplica el término "ateo"
a aquellos que creen en la Trinidad, sino a aquellos que la
disfrazan como algo que no es,
es decir, aquellos que hacen una distinción real de
la naturaleza divina, ya que estos, al dividir
a Dios, se desprenden de la idea de unidad de la naturaleza
divina." Calvino insistía en que
la distinción era correcta.
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