Análisis del caso de Miguel Servet 450 años
después
Al
juzgar todo este asunto, deberíamos evitar caer en
el error de ser injustos con Calvino, siendo tan intolerantes
y poco comprensivos con él como él lo fue con
Miguel Servet. Merece ser juzgado basándose en los
criterios de su propia época antes que a los de la
nuestra, aun cuando los condenemos en comparación a
los nuestros. Además de ser un hombre de extraordinarias
habilidades, poseía muchos de los rasgos más
atractivos de la personalidad. Se le considera el padre de
la enseñanza popular y el propulsor de las escuelas
públicas.
El protestantismo le debe más que a ningún
otro después de Lutero y, durante más de tres
siglos, continuó siendo el puntal de su pensamiento
fuera de las iglesias luteranas. Sin embargo, se tomó
su trabajo demasiado en serio y estaba tan identificado con
su causa que consideraba los ataques a su persona como ataques
a la religión cristiana. Cuando creía que alguien
había cometido una ofensa contra el honor de Dios o
había puesto en peligro la salvación de las
almas inmortales, nunca le perdonaría ni sería
indulgente con él sino que perseguiría a su
adversario con afán de venganza, sin tregua ni piedad.
Esto debería ayudarnos a explicar, sin excusarle, su
actitud hacia Miguel Servet así como su deseo tan traicionero
de denunciarle ante las autoridades de Vienne.
Miguel Servet, por otro lado, era engreído, obstinado,
fanático, ofensivo y exasperante en grado sumo y fue
su propia forma de ser la que, en parte, propició su
sufrimiento. A pesar de ser un hombre brillante y de talentos
varios, junto a sus ideas más avanzadas defendía
otras que rozaban la superstición y que le hacían
parecer medio loco. Aun así, en el fondo, era un cristiano
sincero y reverente que adoraba la Biblia por encima de otros
libros, que se sentía fervientemente unido a Jesús,
quien era el todo del todo para él, y que deseaba ser
fiel a aquellos ideales suyos hasta la muerte. Tres siglos
y medio han servido para ajustar cuentas entre Miguel Servet
y Calvino. Se ha condenado la persecución y se ha reivindicado
la tolerancia religiosa. La herejía de Miguel Servet
se ha impuesto sobre la ortodoxia de Calvino hasta el punto
que, en la misma Ginebra, el Credo de Calvino se ha olvidado
desde hace tiempo y los seguidores de Calvino le han erigido
a éste un monumento expiatorio en el lugar donde Miguel
Servet pereció. Asimismo, en cuatro ciudades europeas
donde en 1553 no se le habría permitido vivir, ahora
se levantan estatuas en honor a su memoria.
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