1542-1553. Médico en Vienne del Delfinado
Durante
sus doce años de residencia en Vienne, el periodo más
largo de tranquilidad en su ajetreada vida, Miguel Servet
hizo fama y fortuna como médico y, al mismo tiempo,
continuó trabajando como corrector de pruebas. En 1542,
publicó una nueva
edición de la obra de Ptolomeo suavizando algunos
de los comentarios que anteriormente habían ofendido.
Más tarde, preparó una edición de la
Biblia
de Pagnino, completada en siete volúmenes en 1545.
Su introducción y las notas anticipan una crítica
bíblica moderna y muestran un avance significativo
en el grado de sofisticación si se compara con el de
las obras teológicas de sus inicios.
A la vez, Michel de Villeneuve, Miguel Servet, continuó
cultivando su interés por la teología con la
preparación de su principal tratado teológico,
Christianismi
Restitutio (La Restauración del Cristianismo).
En 1546 inició una fatídica correspondencia
secreta con su viejo conocido Juan
Calvino. En esa época, Calvino, autor de Institutio
Christianae Religionis (Institución de la Religión
Cristiana) en 1536 y destacado sacerdote reformador de Ginebra,
era la figura más prestigiosa del brazo reformador
del protestantismo.
La obra teológica de Calvino apenas había hecho
mención a la naturaleza trinitaria de la divinidad
hasta que en 1537, otro reformador, Pierre Caroli, acusó
a Calvino de ser un arriano. Aunque fue absuelto de ello por
un sínodo de Lausana, Calvino, a partir de ese momento,
estuvo alerta y decidido a contestar con severidad las desviaciones
que se produjeran respecto a esta parte de la ortodoxia. El
asunto, asociado a recuerdos dolorosos, le resultaba desagradable.
Miguel Servet, seguramente consciente de la falta de claridad
sobre el tema en Calvino, le bombardeaba con cartas que insistían
en mostrar concepciones poco ortodoxas y más radicales
que aquellas que le había presentado hacía más
de una década. Calvino le contestaba cada vez con mayor
impaciencia y aspereza. Miguel Servent envió a Calvino
un manuscrito de su todavía inédita Restitutio.
Calvino le correspondió enviándole un ejemplar
de su Institutio. Miguel Servet se lo devolvió con
anotaciones insultantes. El día que Calvino interrumpió
la correspondencia, escribió a su colega, Guillaume
Farel, diciéndole que si Miguel Servet alguna vez se
presentaba en Ginebra: "si mi autoridad sirve de algo,
no le permitiré escaparse con vida."

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